jueves, 5 de noviembre de 2020

Voleando en Quechua

Urrutia y Almeida, por la reivindicación del
volei peruano. Fotos: Santa Pasión y Wikipedia

Como trazadas por la escuela cuzqueña, los lances de este seleccionado celebran el mestizaje con un juego alegre y aguerrido que le ha valido estar en varias ocasiones en la cúspide de las competiciones en las que participa, merecedor, si hubiera la oportunidad, de la narrativa de Vargas Llosa o las coplas de Chabuca Granda y Susana Baca, aunque es posible que su historia sea más apreciable en una cinta dirigida por Claudia Llosa. Es una escuadra que ha dominado en los Juegos Bolivarianos, obteniendo el oro entre 1965 y 2013 en diez ocasiones, en doce en los Campeonatos Sudamericanos, una en Juegos Sudamericanos, así como cinco platas en los Juegos Panamericanos.

En lo referente a Campeonatos Mundiales, posee una plata en la edición de 1988 en Lima y otra en Juegos Olímpicos en Seúl 1988, lo que las hace sus máximos logros hasta la fecha. Tuvieron que pasar treinta y dos años desde la llegada del voleibol a Perú en 1910, para que el 12 de mayo de 1942 se fundara la Federación Peruana de Voleibol y otros veintidós para que lograran el primer título sudamericano en 1964 en Buenos Aires. La acomodadora Shiamara Almeida, es una de las referentes, juega para el Alianza Lima en la Liga Nacional de Voleibol; se formó en las fuerzas básicas del Sporting Cristal donde se quedó hasta el 2016, a partir el 2017 está con su actual equipo.

Una de las encargadas de la espectacularidad en la red fue Andrea Urrutia quien mide 1.83 mts de estatura, lo que le permitió tener varias convocatorias al equipo nacional, siendo artífice de varias medallas en los Campeonatos sudamericanos. Bajo la dirección del español Francisco Hervás, las peruanas esperan volver a los grandes escenarios mundiales. De los equipos que han nutrido al seleccionado femenil destacan el ya nombrado Sporting Cristal, la Universidad San Martín de Porres y el Deportivo Géminis. Los campeonatos locales son tan importantes como lo son en el fútbol, por lo que las jugadoras de voleibol son seguidas y exigidas como lo hacen con los ejecutantes del balompié.

Para un país que ha logrado sacar provecho del desierto de Ica y convertir a una sección del mismo en un centro turístico, poner interés en un deporte que no sea el fútbol no representa un obstáculo para hacerlo de manera rentable y encontrarle el gusto como si se tratase de elegir entre el Pollo a las Brasas y la Papa a la Huancaína, posiblemente sean complementarios; incluso mostrarán un orgullo comparable al que provocan la música criolla y afroperuana  o la andina y pretenden mantener su estilo en el juego como si se tratara de conservar el huayno que se toca en la serranía. El caso es que resulta imposible concebir un torneo internacional sin la presencia del seleccionado peruano femenil. Salud.

Beto

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