jueves, 28 de enero de 2021

Escriben en inglés, pero juegan en suajili.

Sharon y Jane, letalidad inesperada.
Fotos: FIVB y Volleyball.world

La Confederación Africana de Voleibol cuenta entre sus filas con un combinado que si bien sólo ha participado en dos ediciones de Juegos Olímpicos (2000 y 2004), promete en Tokio ser un equipo animador de la competencia; un grupo bien preparado que ha enfocado sus esfuerzos en el ciclo olímpico, dejando de lado otras competiciones como el Grand Prix y el Campeonato Africano de Voleibol Femenil y dejar en el camino a un duro equipo de Camerún. Nada fácil fue el camino para unas kenianas que deseaban romper con la racha negativa dentro del olimpismo; sin embargo, el fogueo obtenido en los Campeonatos Mundiales, aunque con resultados no muy impresionantes, les sirvió de alguna manera para llegar a la cita este 2021.

Para tal logro, mucho tuvo que ver Sharon Chepchumba Kiprono, atacante por lo general desde posición cuatro, nacida en Trano Nzola East y egresada de la Escuela Secundaria Kwanthanze; a sus casi veintitrés años, se echó al hombro al equipo representativo de su país haciendo gala de talento y poderío que le da su 1.83 mts. de estatura, un alcance de 2.93 mts. en remate y 2.81 mts. en bloqueo además de una determinación a toda prueba. Se caracteriza por no conformarse con lo logrado hasta ahora, pues cree que aún puede mejorar según lo expresado a Nation Sport en una entrevista publicada en junio del año pasado. La Copa de Naciones de África fue el marco perfecto donde Sharon pudo mostrar su valía.

Por su parte Jane Wairimu, acomodadora de 1.75 mts. de estatura, juega para el Anse Royale del distrito del mismo nombre en la isla de Mahé, República de Seychelles, procedente del VBC Chamaliéres francés. Tiene un alcance en remate de 3 mts. y de 2.67 mts. en bloqueo; con veintisiete años, ha tenido la experiencia para llevar a su equipo nacional a una tercera participación en Juegos Olímpicos y tratar de mejorar el onceavo lugar obtenido tanto en Sidney como en Atenas. La cultura de Kenia, caracterizada por tener varios orígenes, aún manifiestan como forma económico-social de relacionarse, el pastoreo, contrastante con las manifestaciones del centro del país más avocadas a la manufactura de productos.

Phoebe Ruguru, directora, escritora y productora de cine, es un ejemplo de ese contraste mencionado, ganadora del premio a la Mejor Película de África en la africa Magic Viewers’ Choice Awards en 2018 por su obra 18 Hours, convirtiéndola en la primera keniata en lograr un premio internacional. La simpleza de su narrativa sólo se compara con el sabor suave y directo obtenido de una pieza de mandazi, un tipo de pan frito elaborado a base de harina, levadura, agua, azúcar y leche de coco cuya textura semeja a la de una dona, lo que lo hace un excelente complemento de una taza de té o del sabor robusto del café, una buena idea como para considerarlo a la hora del postre. Salud.

Beto

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