jueves, 21 de agosto de 2025

Día de entrenamiento

La táctica semeja el saber qué
movimientos hacer en un tablero. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Compromiso sin fallas. La última revisión de los arreos estaba hecha, sólo quedaba dirigirse a la escuela para cumplir con el entrenamiento en el equipo de la universidad, en ninguno de los días destinados a tal cometido había llegado tarde y no iba a empezar ese día, si no lo hizo cuando no tenía carro, menos ahora que contaba con su máquina de ingeniería alemana, un vocho pues. Entrenar en ese momento de su vida era más una manera de mantenerse acompañado que el volverse un buen jugador. La expectativa era siempre la misma, que ninguno de sus compañeros fuera a ausentarse para no tener que extrañarlo, pues no se les podía castigar a ninguno, pues apenas completaban la escuadra con dos o tres cambios a lo mucho; todos se presentaban siempre pues el sentimiento era el mismo.

2. Repaso para la memoria muscular. Toma tiempo el agarrarle el gusto a las rutinas de calistenia, fuerza, destreza y velocidad, pero una vez enrachados, éstas se vuelven parte de nuestra vida cotidiana; en cada repetición, las fibras musculares van adaptándose al esfuerzo invertido en cada movimiento por lo que el chiste de las rutinas está en incrementar la dificultad o cambiarla cada cierto tiempo, los cuales pueden ser micro ciclos o periodos medios, porque un músculo adaptado no avanza y puede llegar a perder algo de su fuerza a la larga. Lo óptimo sería el adoptar otro tipo de ejercicios complementarios a la disciplina base que practicamos, con el fin de no saturar muy rápido su masa y mantenerlos «distraídos» y con la flexibilidad necesaria para no sufrir lesiones.

3. Refuerzo de la camaradería. Un entrenamiento es un laboratorio en sí mismo, donde las pruebas no garantizan del todo los buenos resultados que en teoría se esperan, pero eso suma atractivo al juego pues al no saber lo que sucederá exactamente, cualquier sorpresa mantendrá nuestro interés inmutable sin importar el desenlace. Claro está, que si nuestro equipo es considerado «chico» y le pegamos a uno grande, el campanazo sería mayúsculo. Cada acción, cada jugada repasada en los entrenamientos aumenta y refuerza los lazos afectivos creados por la convivencia continua, llegando a construir un lenguaje propio teniendo como base el balón, al conjugar movimientos y golpes con el único afán de que los puntos conseguidos con ellos, reafirmen la identidad del equipo.

4. Prueba para el juego. Hay entrenamientos específicos, unos dedicados mayormente a la técnica, otros a la fuerza, los demás a la destreza y a la rapidez, aunque todo se toque en todos, pero los más importantes a nivel de competencia con los dedicados a la táctica, pues son aquellos en los que se estudiará al rival en turno y aplicaremos las jugadas con las que pretendemos hacerle daño. Ya dominados los movimientos en un ataque por posición cuatro o tres o dos, se establecerá con cuál haremos el mayor número de jugadas y si los balones serán altos, medios o rápidos, a la vez si usaremos al zaguero o no; la defensa requerirá una atención especial pues requiere saber la tendencia de ataque y los jugadores más fuertes y olvidaba, cuáles serán sus zonas más débiles. Salud.

Beto

No hay comentarios.: