Como prédica en el desierto, nuestra nación está urgida de una alternativa de desarrollo deportivo. Los planes de las décadas anteriores no han podido (al parecer) rendir los frutos deseados. No niego que hubo logros, pero resultan pocos y de corto alcance. Resultado casi todos, de un esfuerzo individual.
Hace unos días, en mi clase de Ética, al explicar hacia dónde se dirige el conocimiento en los diferentes niveles escolares, observábamos las intenciones y los ideales por ejemplo, de la primaria, donde el niño debe aprender por sobre toda la información, a socializar con todo lo que esto implique. La secundaria debe servir para que el muchacho o la muchacha identifiquen sus aptitudes físicas y mentales, con el prtexto de las materias cursadas. El aprendizaje de la toma de decisiones debe ser motivo de la preparatoria, pues es el paso previo a la definición de tareas que le ayuden a vivir en grupo. Por fin la universidad, el vínculo con el conocimiento universal, la razón de ser de nuestra estadía en el mundo.
Viendo el panorama, quizá el esquema debería aplicarse también al aprendizaje de las actividades físicas y el deporte pues, como una forma de socialización, autodescubrimiento, opción y afirmación vital, puede ser un pilar que porporcione el reto necesario para nuestro desarrollo total. La mejor forma de mantener ocupado a nuestro cerebro en los momentos donde los contenidos teórico no nos alcanzan.
Roberto Barroso Espinal
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