miércoles, 4 de septiembre de 2013

Sin sorpresas.

Siguen surgiendo las pruebas de que no es posible seguir manteniendo una estructura monodeportiva en nuestro país; las grandes hazañas surgen mayoritariamente de deportes que nada tienen que ver con el fútbol. El segundo lugar en la copa Panamericana de voleibol masculino (poco difundida como de costumbre), la participación y calificación a la siguiente ronda del seleccionado de basquetbol por conseguir uno de los cuatro boletos para el mundial de la especialidad en Sudamérica, no me dejarán mentir.
Y cualquiera podrá citar ejemplos muy variados en disciplinas que ni tienen el apoyo ni la inversión que tiene el balompié. ¿Será que estamos destinados a ser estrellas fugaces que tengan la gloria de su propio esfuerzo? ¿O quizá, no tenemos es realidad el gusto por el deporte y sólo nos conformamos con prácticas que no nos obliguen a pensar demasiado? Porque hay que ver la de reglas que tienen el fútbol americano o el beisbol, para algunos de nosotros resulta de locura.
Pero entonces, si el fútbol es tan fácil de practicar, ¿por qué tenemos cada cuatro años esa crisis que nos ponen a rezar? ¿Por qué dudamos y casi caemos en la desesperación por no ver clara una "simple calificación a los mundiales? ¿Somos o no los gigantes del área? Nos hemos dejado comer el mandado por los gringos, por un país donde se cree aún que es un deporte para niñas (aunque los machos locales no lo crean), nada más debemos ver quiénes son potencia en la rama femenil.
Tal vez sólo sea que en lo deportivo, somos una partida de minusválidos comerciales y no sabemos llevar el negocio, pues además, en México se han inflado de tal manera los gastos de manutención de un equipo profesional, que ha convertido en prohibitivo el acceso a cualquiera. Eso sin contar el burdo manejo de imagen, jugadores y cuerpos técnicos donde los que más pierden son los que venden su trabajo. ¿Los aficionados? Dormidos en sus esperanzas.
Beto.

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