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| Voleibol, la gloria eres tú. |
En mis inicios veía al voleibol como una actividad prohibida para el sector masculino, lejos estaba de imaginar lo emocionante que sería practicarlo; y las emociones no sólo vinieron en la forma de un balón, sino que tuvieron el tino de abarcar la mayor parte de las cosas que más llaman mi atención manteniéndola durante una gran parte de mi existencia.
¡Cómo no iba a ser de esa manera, si estaban involucradas las mujeres! Desde el momento en que escuché que el balón volea era un juego de niñas, tuve el gusanito de enterarme del porqué lo decían. Por supuesto no fue de inmediato puesto que debía guardar las apariencias para que no se me diera un trato similar al que ahora le dan en los estadios de fútbol a los porteros.
Mi incursión en el deporte de las clavadas (sin albur), se debió a que se dio la casualidad de que yo no alcanzaba más allá del uno cuarenta de estatura y por lo tanto, los que practicaban basketbol no me tomaban en cuenta; ¿jugar fútbol? ni pensarlo. El deporte más difundido del mundo, también es el más excluyente a la hora de formar equipos "en serio". Sólo los cuates entran.
Pero dicen por allí que el señor se apiada de los tarugos y puso en mi camino el Paraíso en un rectángulo de nueve por dieciocho, en el que pude hacer valer mis desventajas físicas y convertirlas en formas de ataque; convertirme en el jugador que daba el ritmo del juego puesto que por mí debían pasar todos las jugadas; dirigir y deleitarme con la figura que más admiro en el mundo: la mujer. Salud.
Beto

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