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| Pónganme en un lugar así y por supuesto que me muevo. |
Es posible que, después de un tiempo de haber reiniciado alguna rutina para tratar de regresar a mi antigua forma -muy antigua de verdad- esté despotricando en contra de los ejercicios que me impongan o me autoinfrinja, pero por lo pronto me cosquillea el cuerpo por la víspera. El ultimátum que he estado recibiendo en abonos, pretende prevenir una desagradable sorpresa.
La herencia no está jugando a mi favor y, como muchos compatriotas, estoy propenso a la diabetes; y ojalá hubiera sido por ser tan dulce y cariñoso, pero no, a pesar de lo seco de mi carácter, el azúcar amenaza con imponer sus reales en mi humanidad. Claro está que, a manera de despedida de la vida sedentaria, he venido convirtiéndome en un activo más del café al que suelo asistir.
Tengo confianza en que, en lo que concierne al peso, aún estoy dentro de los estándares que requiere mi estatura, lo malo es que empiezo a parecer burócrata de diez años sin vacaciones. Llegué al punto de no regreso ya que la ropa más holgada comienza a evidenciar mis acumuladas carnes y proclamo a los cuatro vientos que no deseo, por ninguna razón, vivir con figura de botarga.
Comenzaré revisando los apuntes que he hecho desde que entrenaba a mis equipos de voleibol, desempolvaré los uniformes que se salvaron de la purga que hizo mi madre hace doce años, daré un repaso a los videos de fundamentos que tengo archivados y que seguro me servirán de ins pi ra ción para así,... poco a poco, (ajum) vaya des per tan do nueva men... zzzzzzzzzzzzz. Salud.
Beto

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