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| Aún no, pero queremos llegar a ancianos. (Foto: Mabel Armenta) |
Más allá de la ternura que nos produzca el ver a los ancianos realizar ejercicio, debería llenarnos de envidia saber que ellos aún lo hacen y con el convencimiento de que está bien realizado; versa el dicho que no hay edad para el ejercicio físico y creo que el alcance de esas palabras no nos ha quedado claro como la sociedad consumista y sedentaria en la que nos hemos convertido.
La explicación rápida y cómoda sería el volver a echarle la culpa a los medios de comunicación o a los vídeo-juegos que convierten a los niños (y a varios adultos) en autómatas receptores y procesadores de alimentos. Y ojalá esto sirviera para convertirnos en una sociedad tipo Huxley, pero no, no sólo una parte del pueblo se ha vuelto pasiva, la otra es un polvorín de violencia.
La razón probable es que ya no se practican deportes como se había logrado antaño; las emisiones televisivas se preocupan por difundir sólo el espectáculo que les representa dinero y han dejado de lado las transmisiones que inundaban la pantalla con ejercicios fáciles, entretenidos y cuasi baratos en los que la mayoría podíamos participar.
Ahora nos conformamos con advertencias, sugerencias y casi amenazas de que debemos cuidar de nuestra salud, ésa que cada día desdeñamos por no tener síntomas de alguna enfermedad evidente. Sin embargo, no pensamos en el deterioro al que sometemos a nuestro cuerpo al no darle el mantenimiento adecuado. Quien quiera poder seguir moviéndose de anciano, debió ejercitarse de joven. Salud.
Beto

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