jueves, 22 de enero de 2015

Deterioro corporal

Pero juraba que nada pasaría.
Foto: Baer
Tengo un pequeño dilema que se acerca mucho al pavor y no lo sería si no estuviera mi integridad física en juego; el próximo domingo, con el pretexto de cumplir como en tiempos electorales con media centuria más uno, fui motivo de planes para el festejo, sin embargo, aunque no se me pidió mi opinión, éste incluye un encuentro deportivo con mis sobrinas.
Todo estaría muy bien, de no ser porque no me he puesto en forma ni estoy cerca de conseguirlo lo que me pone en la disyuntiva de: o resignarme a durar poco en la contienda por no tener el aguante suficiente o prepararme y no aguantar mucho en el juego por dolerme todo, resultado infalible de haber tratado de ejercitarme en sólo dos días.
La primera opción sería la consecuencia lógica de casi cinco años de sedentarismo, consumo indiscriminado de todo tipo de alimentos y postergación consuetudinaria del ejercicio físico; la segunda, también lógica, el intento desesperado por no sucumbir ante el embate de toda la energía acumulada por procesos fisiológicos propios de la juventud de las infantas.
Las apuestas empezaron a correr desde el momento mismo en que me ofrecí a llevar los balones; de pronóstico reservado, no el que caiga casi muerto por el esfuerzo sino en qué minuto sucederá. Llevo por si acaso el número telefónico de cuanta institución esté dedicada al salvamento y recuperación de personas, pues a estas alturas, hasta jugar a las canicas es para mí un deporte extremo. Salud.
Beto

No hay comentarios.: