jueves, 12 de enero de 2017

De rebote

Cada vez más, veo así a las ligas deportivas.
Foto: Baer
El título no significa que haya encontrado un deporte (aparte del basketbol) donde tenga que aplicar mis ya escasas habilidades en mantener una esférica golpeando el piso; con mi rutina televisiva, encontrar el tiempo adecuado para lograrlo, tendría que suponer el que tuviera la facultad de desdoblarme o tener el don de la ubicuidad.
Y es que se vuelve vicio, máxime cuando se le encuentra a la caja electrónica (que cada vez es más una tabla) un pretexto para confrontar estados de ánimo. Es sabido por todos nosotros que nada bueno puede surgir de personas que, sistemáticamente, han estado creando expectativas inútiles para con los deportistas de este país, pero seguimos creyendo en ellos.
Así entonces, volvemos a la carga con campeonatos deportivos en los que, en su mayoría, nada tenemos que ver como participantes, mucho como consumidores y de los cuales creemos saber, aunque esto no sea más que una cortina de humo en nuestro adormilado cerebro. Las pasiones se desbordarán nuevamente en acciones que nos gustaría hacer, pero que ya no podemos.
Lo peor del caso, es que lo más emocionante se ha vuelto el régimen de transferencias de cualquiera de los deportes que han caído en las garras de los medios; el espectáculo prometido (y anhelado) se da a cuentagotas -salvo raras excepciones- ya sea porque lo que domina a cada deporte es el conformismo o porque unos cuantos equipos dominan su liga en base a dólares.
Las comparaciones están a cargo de cada uno de ustedes, mis diez lectores, pues sé que entienden perfectamente a qué me refiero. Aquí propongo que se conforme una procuraduría o una comisión especial que se dedique a vigilar que el espectáculo en los deportes nacionales esté garantizado... hay días en los que me levanto con la inutilidad como premisa. Salud.
Beto

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