| Se llegará el tiempo en que disfrute nuevamente de algo así, sin restricciones. Foto: Baer |
Parece que en algunos países de Europa está tomando auge el uso de la bicicleta por cuestiones ecológicas, una moda que hasta cierto punto, podría calificarse de emergente; cuando la usé al igual que muchos otros entre 1995 y 2000, obedecía más a una situación económica (más o menos la misma que prevalece hoy) que a una consciencia de protección al planeta.
Lo bueno de todo ello es que me servía como una forma muy eficiente de mantener una figura esbelta y, por supuesto, una mejor salud; hay que tomar en cuenta que el tráfico en la ciudad de León era mucho menor y, al parecer, más amable con quienes andábamos en dos ruedas, algo que dista mucho de ser lo mismo en estos días.
Dentro de los beneficios que pudieran pensarse, uno es que más extraño como entusiasta de la comida y es precisamente el comer como se me diera la gana sin menoscabo de ingredientes, pues era evidente que todo el combustible se quemaba en los esfuerzos por llegar a tiempo a todos lados, así que mi hambre era muy genuina y se manifestaba a tiempo.
Pero ahora, la condición física, los reflejos y los espacios, se han visto reducidos y ha aumentado la inseguridad en la mayor parte del Estado lo que ha venido revirtiendo el bienestar ganado en los años anteriores. El Ciclismo-Lennonismo en mí depositado, pierde así la parte práctica aunque la teoría esté taladrándome la cabeza por recuperar tan digna rutina. Pronto. Salud.
Beto
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