jueves, 26 de enero de 2017

Me "eché el pato"

Una caminata matutina puede regalarnos
imágenes como ésta. Foto: Baer
Ir de "pinta" no porque los graffiteros se han encargado de que esa práctica, otrora revolucionaria, se encuentre subvalorada ante mis ojos, eso por la poca utilidad que le han dado; la decisión no fue fácil tomarla pues, aunque no lo parezca, tengo todo mi tiempo ocupado por dos proyectos importantes que hicieron el favor de encargarme, pero la tentación fue mucha y no publiqué ayer.
También hice a un lado mi escrito para concursar por la maestría y los remordimientos trataron de regresarme al redil con sus aguijones; para colmo, tuve que reconocer que mi accionar no era digno en el día de la conmemoración del inicio de actividades de la Real y Pontificia Universidad de México en 1553. Un salón, aunque virtual, no puede darse esos lujos.
A pesar de mi inclinación a planear, dejé que la espontaneidad tomara el mando; como cuando te vendan los ojos para darte una sorpresa, desatendí todo lo que me recordara mis deberes y emprendí con rumbo incierto, a ver qué me encontraba. La calidad y calidez superó con creces a la cantidad; por supuesto, no podía esperar multitudes deambulando en la calle, ya que apenas eran las siete y media.
Mis "conocidos de vista" acudieron puntuales a su caminata diurna y se les notaba contentos, quienes tienen algún negocio, con expresión de esperanza, más tarde, asiduos a los cafés de la ciudad arreglaban el mundo pacífica o airadamente, chiquillos saliendo de clases de la mano de sus satisfechas madres y otros tantos confiados en que tienen una buena vida. ¡Qué gran filtro contra la depresión es un cumpleaños! Salud.
Beto

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