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| Una caminata matutina puede regalarnos imágenes como ésta. Foto: Baer |
Ir de "pinta" no porque los graffiteros se han encargado de que esa práctica, otrora revolucionaria, se encuentre subvalorada ante mis ojos, eso por la poca utilidad que le han dado; la decisión no fue fácil tomarla pues, aunque no lo parezca, tengo todo mi tiempo ocupado por dos proyectos importantes que hicieron el favor de encargarme, pero la tentación fue mucha y no publiqué ayer.
También hice a un lado mi escrito para concursar por la maestría y los remordimientos trataron de regresarme al redil con sus aguijones; para colmo, tuve que reconocer que mi accionar no era digno en el día de la conmemoración del inicio de actividades de la Real y Pontificia Universidad de México en 1553. Un salón, aunque virtual, no puede darse esos lujos.
A pesar de mi inclinación a planear, dejé que la espontaneidad tomara el mando; como cuando te vendan los ojos para darte una sorpresa, desatendí todo lo que me recordara mis deberes y emprendí con rumbo incierto, a ver qué me encontraba. La calidad y calidez superó con creces a la cantidad; por supuesto, no podía esperar multitudes deambulando en la calle, ya que apenas eran las siete y media.
Mis "conocidos de vista" acudieron puntuales a su caminata diurna y se les notaba contentos, quienes tienen algún negocio, con expresión de esperanza, más tarde, asiduos a los cafés de la ciudad arreglaban el mundo pacífica o airadamente, chiquillos saliendo de clases de la mano de sus satisfechas madres y otros tantos confiados en que tienen una buena vida. ¡Qué gran filtro contra la depresión es un cumpleaños! Salud.
Beto

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