jueves, 2 de febrero de 2017

Volví a las andadas

Listo el linimento para
cualquier contingencia.
Foto: Baer
¡Tenía que sucederme otra vez! ¿De qué sirve poner el despertador si voy a abrir los ojos antes de que funcione? Si así va a seguir, ¿¡ya para qué lo quiero!? Claro que lo ando cargando desde que estudiaba en la universidad y no me ha fallado, salvo las veces en que, por sus grandotes, deja de sonar la radio, pero eso sucede ahí de vez en cuando. Imagino que también requiere de periodos vacacionales.
Lo bueno es que me da tiempo de repasar la rutina de hoy mientras suena la alarma; ¿cuál canción pondrán hoy para empezar? Como que ya se les hizo costumbre iniciar con We didn't start the fire... una de dos o al programador le da flojera diversificar la peimera hora de transmisión o está esperanzado a que, por casualidad o suerte, a esta hora Billy Joel esté escuchando Stereo 95.
De plano este año todos se pulieron con los regalos de cumpleaños y debo aceptar que los tenis fueron los mejores, aunque lleven implícita la observación de que estoy gordo. No importa, mi visión cuasi budista de la vida, me obliga a ver el lado bueno de las cosas; ¡van a ver cuando me pavoneé delante de todos con mi recuperada agilidad y volviendo a la vieja talla treinta y dos!
¡Maldición! Apenas he caminado cuatro cuadras y ya me salieron ampollas; pero no es de hombres quejarse de lo que, en un futuro, se convertirán en medallas del deporte. Sin embargo, ¡ah qué joder con esta maldita..! Nada qué, ningún esfuerzo es en vano cuando está de por medio la salud. Y mañana... pues a ver cómo amanezco, ojalá no me dé la nostalgia del tálamo. Salud.
Beto

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