jueves, 16 de marzo de 2017

Sintieron felloyón

No colgaron el hábito, pero sí el silbato.
Foto: Baer
Un fin de semana glorioso para quienes no dependemos del fútbol para ser felices; no voy a lanzarme en contra del "juego del hombre", como lo bautizara Ángel Fernández, pero sí haré hincapié en la parte trascendental e interesante de lo que fue el paro de los árbitros. Se ha sentado un precedente y no está por demás congratularnos de que haya un dejo de sensatez en el sector deportivo.
Ya se habían tardado y, por mucho que algún comentarista televisivo haya dicho que "dejaron botada la chamba", -no quiero decir su nombre, pero sus iniciales son FJG y seguidas de ellas rancisco, avier, onzáles- creo, acorde con el ex árbitro Brizio, que fue un simple acto de dignidad para el cual se requirieron muchos pantalones o algo de información comprometedora.
Lo segundo lo dejaré de lado puesto que no poseo información (NPI para los amantes de las siglas) y afirmo que se requirieron pantalones puesto que es sabido cómo se las han gastado los dueños del balompié nacional. Supongo que también se dieron cuenta de que, como grupo, son imprescindibles para el desarrollo de un deporte que se caracteriza por una erudita ignorancia. 
Pues en este país todos creemos saber de fútbol sin importarnos las circunstancias que lo rodean, empezando por querer culpar a una sola persona de las truculencias e ineptitudes de algunos protagonistas dentro del rectángulo verde, lo que los hace blancos de amenazas, consignas, protestas, y mentadas de madre justificadas o no.
 Se tardaron, sí, porque resulta inconcebible que alguien trabaje en un ambiente hostil en el que la dignificación del trabajo sea lo último a lograr y en donde veintidós simuladores se dediquen más a tratar de engañarlos que a mostrar sus habilidades con el balón. Dicho lo anterior, me da gusto que haya al menos una pequeña muestra de sensatez y conciencia de gremio. Arroz... es decir, salud.
Beto

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