jueves, 9 de julio de 2020

El deporte y el deportista

El espacio mágico donde todo sucede. Foto: BAER
Quienes nunca hayan estado dentro de un rectángulo, cuadrilátero, rombo o cualquier otra figura geométrica que sirva para disputar una esfera o similares, no tendrán idea de lo que voy a hacer referencia; pertenecer a un equipo deportivo se vuelve un privilegio del cual se obtienen varios beneficios, el primero sería un sentido de pertenencia como reflejo de la aceptación entre los integrantes del grupo, en seguida, el reconocimiento y la afirmación de las potenciales aptitudes respecto del deporte que se trate y lo más importante, según mi punto de vista, el seguimiento de objetivos y la consecución de metas en común.
Lo anterior viene bien para una explicación de corte sociológico que nada tiene que ver con el estar en la cancha ni las sensaciones que esto provoca; en buena medida, practicar un deporte tiene que ver más con lo estimulante que es sentir la adrenalina de medirse con otros, de saber que la competencia permite la repetición de situaciones que sólo se dan allí; la satisfacción de dar un buen pase, el lucimiento por lograr una jugada no planeada o el increíble momento de culminar una anotación, van conformando nuestra identidad y la manera como nos reconocemos.
La camaradería posterior, independientemente de los resultados, creará para cada deportista un micro universo en el que podrá proyectar su esencia, de forma semejante a la vida diaria. Porque seguramente lo habrán percibido, quienes tienen un carácter explosivo, quienes son más callados o juguetones, lo reflejan en la cancha, por el contrario, quienes se inhiben pocas veces lograrán un puesto continuo en un equipo. Esto significa que no todo depende de la técnica, el carácter tiene preponderancia cuando las facultades merman o prácticamente parecen nulas.
El deporte no es otra cosa que la sistematización de un juego, por definición, algo disfrutable donde buscamos sentirnos bien, plenos; la satisfacción la da el saber que se ha invertido el mejor esfuerzo, que se es capaz de mejorar y que el triunfo no se remite únicamente a lograr un marcador superior al del rival, sino que se es capaz de dominar los sentimientos mientras la justa esté en proceso. El deporte no necesita gladiadores, no requiere de guerreros, esas palabras son sólo eufemismos, el deporte necesita de seres humanos que amen lo que hacen. Salud.
Beto

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