jueves, 12 de agosto de 2021

Impresiones olímpicas 3

Pero que no fuera Messi, porque
hasta en la sopa. BAER

Si lo afirmé a propósito de toda la delegación olímpica, con mayor razón lo establezco para un deporte que ha gozado de todo el apoyo posible durante más de ochenta años, refiriéndome sólo a la etapa profesional; un bronce, muy meritorio sí, pero que tiene exactamente el mismo valor que el obtenido por las clavadistas, los arqueros y la pesista, a los que de ninguna manera se les hizo tanta alharaca como a los futbolistas. Podrán alegar que ni Brasil tenía en ese momento dos medallas olímpicas en fútbol (ya ganó dos de oro), pero da la casualidad que los cariocas son más parejos para  repartir los apoyos entre los demás deportes, por lo cual destacan también en voleibol, basketbol, balonmano, natación y tenis y en algunos de ellos tienen más de una presea dorada.

Si lo vemos por el lado del sacrificio y la presión, lo mismo tuvieron que soportar Alejandra Valencia y Luis Álvarez en tiro con arco, Alejandra Orozco y Gabriela Agúndez en clavados y Aremi Fuentes en halterofilia, que sólo reciben cierta atención cada dos o cuatro años por algunos días, es decir, no nos enteramos en cuáles eventos compiten durante el ciclo, si existe un torneo nacional, en qué lugar están calificados, ni si hay transmisiones o notas regulares que los cubran, ¿un canal especial? ¡Ni de broma! Pero eso sí, todos estamos exigiendo que ganen en todos los eventos en los que, por casualidad, ponemos atención; se sumaron cuatro bronces y los medios insistieron en que el cuarto sabía a oro, pero no, sabe a bronce de la misma manera que las otras.

Las expectativas de la titular de la CONADE, Ana Gabriela Guevara, no se cumplieron, aunque a su favor habrá que decir que estuvo cerca de acertar -otra manera de ver los cuartos lugares- y, curiosamente, ya que estamos viendo las dos caras de la moneda, cada vez que entrevistaban a algún atleta mexicano, aprovechaba la oportunidad para agradecer el apoyo brindado, algo que habla muy bien de ellos aunque, imagino que se referían al momento mismo de la competencia y a los minutos en que les hacían la misma pregunta: “¿Cómo te sentiste después de la competencia?” Porque, para volver a saber de ellos, habrá que esperar un escándalo, que ganen otra competencia o de plano que se mueran.

El espíritu deportivo no se encuentra en la vehemencia para narrar los resúmenes de Antonio Rosique o en el apasionamiento de Enrique Garay para comentar las hazañas o triunfos de los atletas, mucho menos, en los segmentos cada vez menos graciosos de los cómicos invitados a las transmisiones. Debe estar en el seguimiento de las trayectorias, en el trabajo diario que cada atleta realiza y en el ejemplo que con ello podrían dejar. Diecisiete días de segmentos de desconocidos corriendo, nadando o saltando, no sirven como parámetro para crear conciencia sobre la importancia de hacer deporte y representar al país, así que el “desvélese con nosotros” estuvo de más. Salud.

Beto

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