jueves, 23 de septiembre de 2021

Poca edad vs mucha fama

¿Futbolistas intelectuales? ¿Dónde se ha visto
tal cosa?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No existe un manual para poder vivir, aunque algunos autores del desarrollo personal digan lo contrario; debería haber un reglamento o una ley que dirigiera la edad en la que fuera prudente ser rico y famoso, pues ya hemos visto bastantes ejemplos de jóvenes que pierden el piso una vez que empiezan a ganar más dinero que la gente común. Lo curioso es que este fenómeno se da en ámbitos de entretenimiento y no en el de las ciencias por ejemplo, por lo que podemos entender que en este país conviene muy poco ser un niño genio. Y no es que sugiera que no valen la pena los trabajos en el canto o la actuación, sino aun los ejemplos mencionados, se sigue llevando a cabo el mismo esquema en el que los más jóvenes son los que se salen del carril.

Como en todo, las excepciones se dan por una vigilancia adulta inteligente, que impone ritmos pero no formas, junto con una trayectoria académica sólida que les da un marco conceptual que les permite tener perspectivas más allá de la fama momentánea; a un futbolista se le vende la idea de que debe dedicarse a su profesión en un cien por ciento, pues el rango de edad en el que tiene posibilidades de rendir y destacar es muy corto. Por otro lado, el manejo de la gente joven es menos complicado (principalmente si es hombre a quien se maneja) pues sus necesidades son muy básicas e inmediatas, rara vez piensan en el futuro y suponen que sus capacidades les durarán por mucho tiempo así como que les serán suficientes para salvarlos de lesiones.

Todo lo anterior -junto con grandes cantidades de dinero- son un caldo de cultivo para la fabricación de seres con una autoestima desproporcionada, que no ven más allá de su propio esfuerzo y que, al referirse al trabajo en equipo, lo hacen más como una fórmula para dar declaraciones a los medios, que por un real convencimiento. George Bernard Shaw decía en su tiempo que la juventud es una enfermedad que se cura con los años; que si fuera una cuestión viral, entenderíamos las mutaciones por las que ha pasado en estos dos siglos en los que ha transitado de ser una etapa de transición a un motivo de casi veneración, máxime si el joven realiza una práctica suntuaria que no requiere de mayor análisis.

No es una ley, ni siquiera un destino predeterminado, pero sí tiene lógica que este fenómeno se repita y se acentúe proporcionalmente a la inversa de la edad, es decir que, cuanto menor sea el individuo al momento de ser objeto de fama y fortuna, mayores serán las consecuencias negativas para con su forma de vivir, claro está, si el individuo en cuestión no cuenta con una preparación sólida desde casa soportada con lo académico. Es posible que si se tuviera un programa de educación formal, el talento se vería reforzado de tal manera que éste se potenciaría y duraría un mayor tiempo, pues su planeación, antes que ser un evento particular, se presentaría como un estilo de vida. Salud

Beto

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