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| Que cada quien se arroje con su bandera. Foto: BAER |
Por su parte, los héroes nacionales de cualquiera de las épocas que observemos, tuvieron un trato especial que casi los hace flotar quince centímetros por encima del suelo, sin olvidar su investidura de mártires, no porque sus ideas hayan trascendido y todos nos manejemos con ellas, sino porque a ellos los marca el estigma de la derrota; basta revisar a cuantos los asesinaron antes de ver completa su obra o siquiera si ésta se llevó a cabo. Las grandes revoluciones con las que ahora creemos configurado al país, las culminaron los mismos a los que se atacó de origen por ser los agentes de la opresión, así las cosas, entenderemos que el verdadero padre de la patria es Agustín de Iturbide por órdenes de la iglesia católica que veía en peligro sus intereses.
Es que las Cortes de Cádiz ya andaban queriendo meter mano en sus arcas en la península y, por ende, en la Nueva España por lo que la idea de la independencia adquirió nuevo atractivo; lo malo es que, en su oportunidad como emperador, a Iturbide se le ocurrió que podía seguir los pasos de Cádiz con el fin de tener recursos para gobernar, lo que selló su sentencia de muerte. Si el esquema histórico-político lo trasladamos al ámbito deportivo, veremos que hay coincidencias en las que algunos protagonistas toman el papel de héroes vencidos y otros de villanos vencedores, pero que todos invariablemente, serán la causa de las frustraciones nacionales, porque si Hidalgo no tomó la Ciudad de México cuando debía, Mejía Barón tampoco hizo los cambios.
Nos hemos creído el cuento de que estamos condenados a repetir los errores del pasado, porque es nuestra esencia como mexicanos, por lo cual tiene sentido que en algún tiempo fuéramos los reyes de los juegos amistosos pero en los oficiales, todo el mundo nos pegara, que diéramos buenas batallas en los clasificatorios, pero perdiéramos los campeonatos, que los héroes deportivos se forjaran por esfuerzos individuales, porque colectivamente somos una nulidad. El deporte es un fenómeno social que sirve para arraigar un sentido de pertenencia, pero con él, también se logra un manejos social que lo convierte en un ejemplo a seguir en el comportamiento de grupo, por ello, la factibilidad de mantener adormecida a una población. Salud.
Beto

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