jueves, 28 de abril de 2022

De regreso al origen

El espectáculo está garantizado
en cada jugada. Foto: BAER
Irapuato, Gto.- Se cumplieron varias semanas en las que estuve divagando entre la variedad y la oportunidad atendiendo a eventualidades que poco o nada tenían que ver con los dos deportes que dieron origen a este espacio; del basquetbol no les prometo escribir mucho puesto que mi participación en él fue meramente recreativa y en realidad, sólo una vez integré un equipo, ¡ah! Pero de voleibol... tampoco sé mucho, pero al menos lo jugué por más de veinte años, de manera no muy brillante, pero sí constante y para los temas que trataré como el aficionado que soy, hasta tengo un poco de bibliografía para auxiliarme. Obviamente no pienso enseñarles a jugar, lo que pretendo es poner el la mesa puntos en los que concordemos o discordemos de buena manera.
El primer punto, en mis tiempos de adolescente la división de géneros abarcaba hasta los deportes que debíamos practicar por una concepción mal encausada de la virilidad que era atizada por expresiones que tenían a bien difundirse en los medios como “el juego del hombre” -que ahora juegan mejor las mujeres- que tenía que ver con la cantidad de golpes que “aguantara” un jugador, hasta la aparición de los histriones que tuvo su colmo en Neymar; así entonces, el voleibol, al no ser un deporte de contacto, debía ser jugado por las niñas, pero quien no ha recibido un balonazo en la cara al bloquear o fildear, no sabe lo que es el voleibol, por mucho que se crea que el balón es blandito.
Quizá sea también por considerársele un derivado del baloncesto ya que la historia empalma su creación buscando algo que practicar en el invierno de los Estados Unidos sin que esto implicara un riesgo alto de lesiones para la gente adulta, por ello la etiqueta original de “poco emocionante” hasta que aparecieron en escena los japoneses cautivos en la Segunda Guerra Mundial y le dieron un vuelco a su práctica. No tengo idea de quién habrá realizado el primer remate picado en un juego oficial, pero imagino que causaría estupor entre los participantes como sucedió con el consecuente bloqueo, el uso de distintas formaciones, hasta llegar a lo implementado por Rubén Acosta a finales del siglo pasado.
Actualmente, el argumento de la espectacularidad juega en favor de cualquier disciplina deportiva y el voleibol lo es en todo momento, basta ver un partido de alto nivel para entender la plasticidad con la que se desarrolla, algo en lo que el acomodador, voleador o como deseen llamarle, contribuye como base en cada jugada, eso sin con contar con que es a su vez un arma directa de ataque. En los circuitos profesionales se busca que el acomodador mida entre 1.75 y 1.80 mts, entendible si consideramos que en las posiciones de ataque los jugadores superan los dos metros y debe ser capaz de oponer, en caso necesario, un buen bloqueo. Esta figura será con la que iniciemos la revisión de la dinámica del voleibol. Salud.
Beto

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