jueves, 5 de mayo de 2022

El voleo

El voleador rige el ritmo del juego y
las tendencias de ataque. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Inicio con esta especialidad porque es la que da el nombre a la disciplina y por la razón personal de que siempre jugué de voleador; se me llenará la boca al decir que se trata de la posición más importante de un equipo por el simple hecho de que, aproximadamente el noventa por ciento de las jugadas pasan por sus manos. Es la posición que controla el ritmo del juego y quien debe tener la visión general del partido partiendo de la colocación de sus compañeros y de sus rivales. Su labor no es la de “subir” el balón y ya, sino que debe leer los movimientos la velocidad explosiva y capacidad de reacción de cada rematador para colocarles el balón adecuadamente, tomando en cuenta las tres variables de altura sobre la red.

Corta, media y alta establecen la generalidad, pero el voleador debe saber utilizarlas tanto por la fuerza de salto y el alcance de cada jugador como por la oportunidad en el momento del partido, pues no es igual utilizar una bola corta por posición tres con un jugador que alcanza dos metros con cincuenta y ocho, frente a un contrario que bloquea a dos con setenta, que jugar por posición cuatro con la misma bola rápida con alguien que alcanza dos con noventa y cinco en contra del mismo bloqueo de dos setenta; la altura de esas dos “bolas cortas” será muy distinta a la hora de ejecutarlas. Obviamente, la calidad de juego que desarrolle el encargado del voleo, dependerá de los acuerdos con sus compañeros.

Ya había tocado someramente las características físicas del voleador, mencioné la estatura lo que no es tan determinante como el alcance vertical que pueda tener y si le da para competir por el balón en la red, será más apreciado. La especialización se convierte así en multitareas, pues debe pasar -como casi todos- de ser base de juego y defensa a ataque en décimas de segundo, por lo tanto su ubicación espacial es determinante en el buen funcionamiento de su equipo. El lado negativo es que alguien frágil de pensamiento, difícilmente logra mantener un buen ritmo, por lo que encima de todo, es indispensable que el voleador tenga estabilidad emocional además de inteligencia.

Su participación también tiene que ver con la espectacularidad del juego en el sentido en que la base para ello tiene que ver con lo inesperado; la sorpresa es fundamental para romper inercias y el ritmo del rival, lo mismo con un pase que con un remate en segundo toque; haciendo un símil, su labor es como la de un cocinero: siendo su compañero, conviene tener una buena relación con él porque de lo contrario, se podría pasar todo un partido sin tocar el balón. Esto último es una charada, por supuesto, dado que en un equipo profesional la afectividad debe dar paso a la efectividad y eso depende más del estratega que delimitará las funciones según las condiciones del juego. Salud.

Beto

No hay comentarios.: