jueves, 19 de mayo de 2022

El primer remate

Un primer remate garantizará que su remate no
será rechazado muy seguido. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Habrá quien los nombre por su función defensiva como “centrales”, lo que también obedece a que generalmente se les coloca en la posición tres, todo porque también por lo general, son los jugadores más altos y/o más rápidos para desplazarse en la red. La espectacularidad en su juego radica en su mayor destreza para encontrar los huecos en la cancha contraria y depositar allí el balcón, ya sea con una “dejadita” o con un remate contundente; en la actualidad, la fuerza ha venido a suplir a la picardía, principalmente en los partidos varoniles, pero no es privativo de ellos pues hay mujeres que alcanzan los cien kilómetros por hora con su remate sin dificultad alguna, lo que ha venido a exigir la búsqueda de alternativas de defensa por parte de los equipos.

Las estaturas cada vez más altas y las condiciones adquiridas con ellas están volviendo armas letales a los jugadores centrales pues con esas características no únicamente el remate poderoso los hace temibles, sino el bloqueo se ha transformado con ellos en una jugada ofensiva. De nada serviría un potente golpeo sin una buena puntería, aunque cada vez hay menos espacios libres para atacar debido a lo anteriormente descrito, cada elemento debe darse la oportunidad de adquirir nuevas herramientas para elevar su juego y no depender totalmente de su estatura, por ejemplo, lograr suspenderse en el aire al menos por un segundo, lo que permite un tiempo adicional para descubrir algún hueco en la defensiva contraria.

Son el motivo de la fantasía de muchos jugadores, pocos serán efectivos y menos llegarán a estrellas lo que no significa falta de talento sino tiene que ver con lo coincidente de su juego con los integrantes adecuados pues debe entenderse que en el voleibol, como todos los deportes de conjunto, lo que importa es la asociación; también es un ejemplo de la interdependencia positiva, ya que la relación zagueros-delanteros y entre líneas, significa una comunicación inmediata en cada jugada, independiente una de la otra e irrepetible aunque el código sea el mismo. Debido a su naturaleza, la rapidez con la que se resuelven las jugadas en la actualidad, hace que los jugadores centrales se preparen con más conciencia en cada ciclo y la transformación es evidente.

Esa transformación es más notoria al observar cómo se transformó el servicio, de una puesta en juego y eventual ataque a un ataque consuetudinario; la simple puesta en juego ya no es suficiente. El jugador central carga sobre sus hombros la confianza de sus compañeros de que ningún balón contrario pasará entre sus manos, dejando así muy claro, que él también confía en que sus espaldas estarán cubiertas por ellos. El trabajo mental será muy importante en ellos dado que, a pesar de la fortaleza que deben mostrar durante los encuentros, su imagen es la más vulnerable pues sus fallas y errores se magnifican si contamos que es el segundo jugador que más toca el balón sólo atrás del acomodador. Salud.

Beto

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