jueves, 20 de octubre de 2022

Deporte citadino

Y después del juego, unas chelas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En todos los saltos cuánticos que debe dar la Ranita, en algún momento debía caer en el deporte, un tema que ha evolucionado no sólo en la práctica sino también en el entrenamiento, en la medicina y hasta en su crónica; el día primero de este mes nos visitó el profesor Gilberto Ortiz, deportista ejemplar en su juventud con varias representaciones estatales a cuestas, profesor deportivo al que varias generaciones deben su gusto por el ejercicio y entrenador de voleibol con gran historial en la liga local; su opinión dio cauce a varias interrogantes que había yo traído desde décadas anteriores. Nuestra plática giró en torno a la difusión, la facilidad y las condiciones de practicar el voleibol en Irapuato, un deporte hecho para realizarse en espacios cerrados que ha alcanzado un nivel competitivo muy alto.

Observando esos niveles, caemos fácilmente los que estuvimos en el rectángulo de 9 x 18 mts., en la comparación del cómo se jugaba entonces y cómo se hace ahora, si la afición ha aumentado, si la difusión ha mejorado o si al menos el número de practicantes se mantiene. Las ciudades ofrecen las condiciones de tiempo y espacio para desarrollar lo que los griegos llamaban “el divino ocio” y parte de él se enriqueció con la transformación de las batallas en competencias deportivas, no todas con el mismo nivel, pero sí con la misma idea, el caso es que las ocupemos y usemos con la asiduidad que corresponde a nuestras necesidades de movimiento. La lucha en contra del sedentarismo comienza con el proyectarnos a esos espacios y creer de verdad que pertenecemos a ellos.

Es imposible no encariñarse con algún rincón urbano en el que hayamos pasado una buena parte de nuestro tiempo en la compañía de otros que, por razones similares, estaban allí; una cancha de voleibol tienen el tamaño exacto para convertirse de un espacio deportivo a uno de convivencia, lo que no se puede con otras canchas por sus dimensiones o usos; nos podemos apropiar de todo el espacio o de una parte sin sentir que es una propiedad única porque la temporalidad es cíclica y vas a llegar exactamente al mismo lugar. El balón no tiene que viajar grandes distancias para hacer que la respiración se detenga, hace que la comunión sea continua a pesar de las pausas que obliga el reglamento, se vincula más íntimamente al jugador dado que lo lanza desde el corazón para buscar las alturas.

La educación es una parte importante en el juego, empezando porque lo segundo que se debe respetar es la red; la simulación de una batalla a distancia con el uso de un único misil, impide agresiones que se abaraten con el contacto físico o el insulto vacuo producto de la calentura por haber sido mancillada lo que suponen una inmaculada presencia. No, en el voleibol el único golpeado es el balón y debe hacerse con maestría, ésa que dan las horas de entrenamiento y si se desea golpear a un oponente, debe ser precisamente con el balón, mostrando con ello que la esencia del juego se mantiene intacta, es decir, siempre se debe estar listo para ir en su encuentro y no que sea el esférico el que nos encuentre. Las salas de la ciudad siempre serán el refugio de la habilidad. Salud.

Beto

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