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| Quizá sea cuestión de tener las velitas adecuadas. Foto: BAER |
La dinámica general del deporte, al no permitir ni apoyar el desarrollo de los atletas, éstos deben buscarlo en una especie de semiprofesionalismo si deciden quedarse en el territorio nacional o emigrar si desean vivir de su disciplina como profesionales, en ambos casos se suponen etapas de privaciones sin garantía de lograrlo porque en la misma situación se encuentran infinidad de deportistas que alguna vez pertenecieron a países satélites, con la ventaja de que algunos de ellos pueden optar por representar a su otrora metrópoli. La competencia de esa manera se vuelve tan cerrada como encarnizada por un lugar en los equipos profesionales de cualquier disciplina, lo que deja la decisión de lo deportivo a la voz de quienes tengan más dinero.
No digo que sea deseable el sistema de financiamiento del fútbol, si es que es cierto que se trata de lavado de dinero, pero sería pertinente que otros deportes tuvieran el apoye de aquel tanto en infraestructura como en difusión, lo que seguramente nos traería menos desencantos y frustraciones. Dejar de vivir de glorias individuales caería de perlas en el voleibol porque, a pesar de que tenemos excelentes ejemplos, éstos apareces muy espaciados. tanto que entre Bibiana Candelas, Samantha Bricio y Melanie Parra hay lapsos para el olvido y no es que no haya más jugadoras, es que no gozan de difusión. El trabajo de dar a conocer los logros de los atletas debería ser permanente para tener una dimensión exacta del poderío y la infraestructura que tenemos como nación y no esperar que todos sean Paola Longoria.
El pastel voleibolístico lleva demasiados años en espera de cocinarse, aunque en su entorno haya un montón de hambrientos lobos esperando al repostero que le dedique tiempo y esfuerzo con honradez y poder tomar un trozo de él, pero el pretexto sigue vigente, no hay patrocinios ni interesados en anunciarse y desde la comercialización eso se traduce en “no hay el suficiente público interesado”. Los intentos de profesionalización se han topado con esa pared y, como no traen el “equipo adecuado” para escalarla, ahí se quedan lamentando su suerte; lo curioso es que a nadie se le ha ocurrido rodearla o, de plano, hacer un túnel. Por desgracia, dado que primero está el comer que el ser cristiano, no habrá quien se anime a crear una liga profesional fuerte, difundirla y confiar en que equipos y público permanezcan. Salud.
Beto

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