jueves, 10 de noviembre de 2022

Dejar de ser exóticos

Ponerse la camiseta requiere de convencimiento.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hay a quienes la casualidad les brindó la oportunidad de desarrollarse como personas en un deporte que a la mayoría no le parecía del todo digno de atención y, salvo a los que heredaron el gusto por el voleibol, a los demás se les presentó la misma historia para iniciarse en él que es la casualidad. Bendita ésta pues logra presentar un mundo en el que, a pesar de que se oculta de las mayorías, la inteligencia se revela como la principal arma de cualquier escuadra sin ser el patrimonio exclusivo de un solo jugador. Inteligencia, a su vez, que se niega a proyectar la esencia de este deporte, quizá porque sus exponentes no desean que se “contamine” con expresiones importadas de otras disciplinas por lo que, con todo el celo del que son capaces, mantienen estoicos su gusto alejado de reflectores improductivos.

Gracias a eso, se mantienen como una especie de clubes privados a los que se ingresa o por casualidad o por un interés cultivado desde la cuna, hechos que hacen parecer a sus integrantes como extranjeros en su propia tierra; el jugador de voleibol ha tenido que lidiar en todas las etapas con prejuicios y discriminaciones particularmente aderezadas de ignorancia, con argumentos que van desde una supuesta falta de movilidad y fuerza, hasta la suposición de ausencia de virilidad, pues se creía que había deportes exclusivos para hombres y otros para mujeres, juicios basados en la creencia de que el fútbol era muy “rudo” y hoy en día quienes lo juegan con mayor gallardía son las mujeres. Por su parte, el voleibol exige ahora una mayor capacitación en fuerza y velocidad.

La referencia que no es total, es que la mayor parte de los deportes practicados en el país, se realizan por parte de los disidentes del fútbol, ya sea porque no pudieron acceder a él o porque no les interesaba, el egocentrismo futbolero opta por la primera versión. Es posible que lo mismo piensen patinadores, raketbolistas, escaladores y demás atletas que quizá nunca vean a sus disciplinas difundidas como debieran; el círculo es claro, la población no exige la transmisión de otros deportes porque no hay oferta y no hay oferta porque la población no la exige. Quienes gocen de la surte de tener hijos pequeños están frente a la oportunidad de ofrecerles variedad en su educación física y deportiva con una ventaja extra para los que no son fútbol, como no hay apoyo ni desarrollo en el país, pueden viajar al extranjero.

Nada de malo tiene pasar por una curiosidad, pero el voleibol ya tiene el tiempo suficiente como para ocupar un lugar de mayor importancia por encima del eterno amateurismo o del intermitente semi profesionalismo, la transmisión del Campeonato Mundial Femenil en ESPN dio cuenta de que sí hay público consumidor que está al pendiente de las diversas competiciones sin importar el país de origen, ahora bien, si éstas fueran locales, seguramente la audiencia aumentaría y la estrategia para que esto sucediera sería buscar, más allá de la identificación por ciudades (que ya se vio que funciona poco) el arraigo por barrios, como sucede con los clubes deportivos de Europa y Sudamérica, algo que también hay aquí pero que se ha dejado de  lado. Salud.

Beto

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