jueves, 17 de noviembre de 2022

Cola de león

Autopatada a las ideas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No sé si lo hayan pensado ustedes también, aunque competir es muy satisfactorio, nada hay como ganar; sin embargo, en ocasiones nos gustaría que la obtención de la victoria no fuera tan sufrida y se diera de manera casi automática, por ejemplo, teniendo rivales a modo, en palabras llanas, que pudiéramos coyotear y no hubiera problema con ello. Tal fantasía ha estado tomando forma en un fenómeno que se ha venido repitiendo con mayor regularidad en los últimos meses que tiene que ver con el cambio de sexo y la participación de los transgéneros en las competiciones femeniles; pudiera alegarse todo lo imaginable, desde una perversión hasta un deseo incontrolable de dejar salir a la “verdadera persona” atrapada en el cuerpo equivocado, la verdad es que no parece haber ni aceptación propia ni de los demás.

No puedo meterme en la psique de un transgénero -quien tampoco inventó un género nuevo- como para saber a ciencia cierta lo que siente o lo que le urgió a cambiar su apariencia, pero esos cambios aunque radicales, no son definitivos puesto que requieren todo un régimen ortopédico hormonal para mantenerse y, de cualquier forma, la masa muscular se mantiene a un grado alto, superior a la de la mujer promedio por lo que poner a competir a hombres en contra de mujeres, por mucho que hayan removido sus partes, a todas luces es desigual por artificio. Un acto así tiene cierto rasgo de cobardía pues, además de no aceptarse como se nació, tampoco se acepta la idea de no poder competir con sus iguales, semejante a los que usan sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento físico.

¿Por qué no, en lugar de aprovecharse de una circunstancia que pone a los transgénero en una plataforma de rendimiento superior al de las mujeres, se organizan, se organizan competiciones con otros transgénero? Así no habría duda ni suspicacia sobre la legalidad de su evento, la inclusión se daría en abrir canales de transmisión que les dieran la misma oportunidad de ser observados. La ventaja que obtendrían sería más honrosa pues se establecería por la habilidad y no por cuestiones químicas; también les serviría para medir el grado de apoyo que tienen de su comunidad (que al parecer es muy amplio) sin ser vistos como fenómenos de circo o peor aún, ser objeto de burlas por tratar de encajar en un género que no les pertenece, porque como lo afirmé en otra ocasión, por mucho que se quiten o se pongan, seguirán siendo hombres y mujeres.

En este momento algunos estarían escandalizados tachándome de homofóbico (sé que no es así porque no soy tan leído) o que estoy lejos de entender eso de la invención de “nuevos géneros”, puede ser que estarían en lo correcto, no lo entiendo y no es por cuestiones religiosas ¡líbreme el señor! Sino que toda esa ambigüedad la veo como la clasificación a fuerza del rock en la que aparecieron supuestos “nuevos tipos” como el trash o el glam, pero que no aportaban nada que realmente los hiciera distintos a nivel musical, en la interpretación, la instrumentación o la composición. En el ritmo sería imposible porque eso está dado y es lo que rige a los géneros musicales pero, ¿por qué un simple cambio de ropa, un cabello peinado y brillos deben ser tratados como género? Creo que las ideas están acabándose. Salud.

Beto

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