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| Con dinero baila el perro. Foto: BAER |
Y de eso precisamente se compone un deporte, pues qué son las jugadas sino esquemas que han de seguirse para que los equipos tengan un buen funcionamiento, sin invalidar por supuesto la iniciativa individual de sus integrantes que, a la postre, son los que marcarán los ritmos y aplicarán las estrategias. Para eso es importante contar con jugadores con trayectoria académica, pues sin ser una garantía de triunfo, sí se asegura en un buen porcentaje, el seguimiento de las instrucciones emitidas desde la banca y un juicio de valor sobre lo que suceda dentro de la cancha; el término que estoy buscando es perspicacia, una facultad que se puede (¿o se debe?) desarrollar en la escuela dado que se muestra el cómo observar el entorno en que vivimos.
Un deportista con instrucción académica razona respecto de su preparación y dentro de la cancha, en cuestión de segundos evalúa las posibilidades de seguir una táctica y las diferentes jugadas con las que puede darle seguimiento, lo anterior supone un desarrollo intelectual sostenido, con la capacidad de discernir sobre la prudencia y pertinencia de seguir ciertas órdenes; es cierto que la disciplina táctica acerca a los individuos al trabajo en equipo que es, a su vez, la manera de acercarse a la victoria en cada evento, pero parte de esa disciplina la conforman los pensamientos lógicos emanados de la acción en la cancha. Desde el banco, un cambio en la estrategia podría verse como una desobediencia o la muestra de que los jugadores tienen iniciativa.
La segunda visión es más difícil de observar puesto que más afuera del banquillo, en el palco, las gradas o los medios de información, podría generarse la cuestión de que, si los jugadores van a tomas sus propias decisiones, ¿para qué entonces está el director técnico? En una ocasión, Raúl “el Potro” Gutiérrez, ex jugador y campeón mundial con la selección sub 17 de fútbol varonil en México 2011, afirmó en una entrevista para el programa Punto -Final, que lo importante en la dirección técnica era el trabajo psicológico para que los jugadores fueran capaces de pensar por su cuenta y fueran ellos mismos los que se levantaran de un tropiezo mínimo o mayúsculo. La mercantilización de los deportes es el principal obstáculo para creer en jugadores pensantes. Salud.
Beto

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