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| En el boxeo hay recomendaciones para pelear con un zurdo. Foto: BAER |
Los hombres en general y los mexicanos en particular, tenemos la fama de no seguir instrucciones, que todo lo hacemos de manera intuitiva, el caso es que posiblemente, por cuestiones evolutivas, tuvimos que memorizar diversos procedimientos, primero para ir de caza y después para los menesteres de la guerra, mayormente en tiempos en que la mayoría no sabía leer ni escribir y conocimientos adquiridos debían pasarse de manera oral. El aleccionamiento debió ser arduo pues en ambos casos, aprender era un caso de vida o muerte; si así se dieron las cosas, el sentido más importante debió ser la vista para calcular pesos y distancias, identificar formas, analizar opciones y probar los resultados, por lo que en esos tiempos las letras saldrían sobrando.
El no atender instructivos tampoco nos hace mejores que los demás y podemos alegar que los manuales suelen estar hechos para tarugos o para gringos por lo redundantes y básicos, pero el hecho es que son la garantía para probar que no intentamos saltarnos pasos a la hora en que nos sobran piezas o que el fabricante está equivocado al usar gráficos poco ilustrativos o que, de plano, las traducciones de nada sirven cuando queremos entender la lógica de un ensamble, pero eso requiere de una sola cosa: leerlos. Es mucho más fácil corregir un error si se ha hecho caso del manual, que confiar sólo en nuestra intuición, menos si lo que sabemos de ella, es que se trata de un recurso neta y exclusivamente femenino al que los hombres tenemos poco acceso.
Al menos eso dicen las féminas cuando comprueban que más que intuir, los hombres intentamos adivinar y eso no es lo mismo ni sirve igual; si lo pensamos bien, el no leer los manuales es una falta de respeto para quienes fabricaron el objeto en cuestión y para quien redactó el documento pues con ello afirmamos que no valoramos lo suficiente ambos trabajos ya que estamos muy por encima de ellos. Si pensáramos en ello como la forma de hacer válida la póliza de garantía, es posible que los viéramos con otros ojos pues a nadie le gusta perder dinero y menos por propia culpa, lo más satisfactorio es responsabilizar a alguien más para poder mantenernos inmaculados. Sólo nos quitan unos minutos, pero el descanso que nos proporcionan puede durar para toda la vida. Salud.
Beto

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