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| Hasta las fotos son de una plasticidad muy marcada. Foto: BAER |
El periodismo deportivo se ha vuelto un nicho para modernas divas del micrófono y la pluma, exigen protagonismo a la par de los atletas a los que dicen cubrir, esgrimen una erudición que en realidad es accesoria, como si de ella dependiera el desarrollo cultural del país y el concepto general de periodista deportivo se reduce a reportero, comentarista y narrador de fútbol que a veces, cubre otros deportes. Esa “especialización” ha hecho que los criterios se hayan reducido a calificar a equipos y jugadores de buenos y malos pero no necesariamente por su calidad de juego, sino por su procedencia si ésta no es acorde a la propia o, peor aún, por la ostentación supuesta de dinero, un claro ejemplo de regionalismo irracional que se puede convertir en resentimiento social.
Las estadísticas suelen ser de utilidad para abrir comentarios de carácter histórico, como para complementar una plática, una entrevista o un debate, aunque por sí mismas con de un alto interés para los que quieren ubicar los desempeños de los atletas o equipos en las diferentes ligas profesionales. Lo mismo para asalariados del periodismo como para aficionados, el poder ubicar los procesos y los progresos en los deportes, hacen que el interés por ellos tenga un propósito definido, más allá de echarles porras esperando una victoria; ahora bien, ¿en realidad es una tarea que tomamos para, al menos, incrementar nuestra cultura deportiva? Lo lamentable es que no lo hacemos de forma permanente, respondemos más a lo que esté de moda en nuestras etapas de mayor influenciabilidad.
La realidad es contundente, la práctica deportiva existente y registrada es únicamente la del balompié por la idea macabra de que es lo único que nos gusta o que es a lo único que le entendemos y cómo no va a ser así, si sólo con once reglas es el deporte más simple que existe; su parte contradictoria es que se le vende como si se tratara de una teoría filosófica encargada de entender al fuera de lugar como un conflicto existencial. El voleibol en una sociedad mediana como la nuestra tiene muy buena acogida, no nada más como práctica personal, sino como una fuerte alternativa de entretenimiento por lo que, sin temor a equivocarme, merece un espacio especializado para su difusión y entendimiento como una disciplina que ofrece más que un entretenimiento pasajero. Salud.
Beto

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