jueves, 14 de marzo de 2024

Entrenamiento por instrumentos

A veces no alcanza ni para rodilleras.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Para los que siempre trabajamos a las márgenes de la austeridad, no porque tuviéramos pocos recursos sino porque estábamos depauperados, el pensar en adquirir instrumentos de entrenamiento era más un deseo navideño que una meta a la cual apuntar; cada disciplina representa un reto a la creatividad para solventar las carencias que normalmente se tienen en el deporte amateur. Una cancha bien pintada y una red soportada por postes que permitan las alturas reglamentarias suelen ser lujos a los cuales pocos equipos pueden aspirar, ya que si no pertenecen a una institución educativa o a un club, lo que queda es ocupar canchas públicas (rara vez en buenas condiciones) o asistir a parques o unidades deportivas que suelen estar sobre utilizadas en los horarios comunes.

Las alternativas a los aparatos costosos no suelen abundar y las que hay, se atienen a la demanda que tampoco suele ser abundante, la imaginación debe hacer su trabajo a un nivel de experimentación y, en el mejor de los casos, se inventarán aparatos o se encontrarán formas de financiamiento para comprar algunos, en el peor, se aceptará la situación con total resignación. Sé que pensarán que sólo se necesita un espacio amplio, una red y algunos balones (yo trabajé así), pero imagínense con un poste para remate, unas siluetas para bloqueo y cojinetes para rebote para no tener que perder demasiado tiempo al esperar turnos para golpear el balón o para practicar el fildeo pues, con mayor número de oportunidades, más rápido un jugador se vuelve diestro en la posición que le sea más apta.

Trabajar sin aparatos es como jugar una “cascarita” usando dos piedras como portería, con líneas imaginarias y con el honor como árbitro; no es posible decir que sin aparatos no se puede mejorar porque sería mentir, pero tampoco se puede saber qué potencial tiene cada jugador, pues el tope al que se llega queda por debajo de lo que podría tenerse con ellos; ahora bien, hay pocos gimnasios o campamentos exclusivamente dedicados al voleibol, ni siquiera existen canchas que cumplan esta característica pues, en su mayoría, comparten el espacio con otra de básquetbol, lo que provoca cierta sensación de ser “arrimados” en unos y otros y cuando las encontramos, y cuando las encontramos, resulta que están tan próximas entre ellas que la práctica se vuelve algo difícil.

En las diferentes publicaciones que se pueden consultar por diferentes medios, nos encontramos con una variada oferta de aparatos y aditamentos dirigidos a hacer que los entrenamientos se vuelvan una experiencia más agradable; aunque adquirirlos sólo requiere de tener los recursos, el verdadero problema es dónde guardarlos, pues si no pertenecemos a ningún club, somos una institución educativa o de plano, un equipo profesional (esto último poco probable), difícilmente contaremos con el espacio suficiente para tal cometido, no se diga para entrenar. El mundo del voleibol ofrece alternativas de desarrollo, desde el entretenimiento hasta la competición, sin embargo, los topes a los que podemos llegar aún son limitados debido a que la inversión en insumos también los es, desde la adquisición del mismísimo balón. Salud.

Beto

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