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| De la invención al manejo de un lenguaje, hay sólo un paso. Foto: BAER |
Imagino la presión por la responsabilidad que implica el narrar y/o comentar lo que sucede en las canchas del orbe, más que nada porque casi desde siempre es un trabajo que tiene sentido si se hace en el momento en que sucede un encuentro; aunque los errores sean comunes, los disculpamos precisamente porque sabemos que cualquiera los puede cometer. Los que más se repiten son provocados por el juego o por los jugadores, es decir, que al realizarse una jugada, la regla que la sancione quede ambigua, en estos casos, la uniformación no permita identificar a los jugadores porque los números que portan no contrastan con el fondo. Otros que son responsabilidad total del narrador, se dan cuando éste quiere anticipar una jugada y no se da así.
No sólo está esa tendencia, sino el tratar de ser pitoniso para saber cuáles son las intenciones de cada jugador, con lo cual se cree que se amenizan las transmisiones más que nada, cuando los partidos no ofrecen el suficiente espectáculo, así entonces, la figura del cronista como la del comentarista deportivos, adquieren cierta importancia por la costumbre heredada de la radiodifusión. La cabina se vuelve un caldo de cultivo para la exaltación de emociones que se esperan de un público al que se debe guiar desde la aparición de los medios de información masiva, pues nacieron y se impusieron sin un instructivo de uso, por lo que hemos tenido que aprender sin la certeza de que estemos haciéndolo bien o mal.
Aquel aspirante a narrador de voleibol deberá entender que, al igual que otros deportes, el lenguaje lo es todo cuando de identificarlo se trata; la inventiva flota en el ambiente pero hay que aterrizarla con efectivo, una inversión que haga realidad el potencial que el voleibol ha mantenido semi oculto en nuestro país, los factores de tal situación ya los hemos tratado en publicaciones anteriores lo que nos lleva a pensar que deberá pasar algo extraordinario para que el reinado del balompié se haga a un lado pero, supongo que los que manejan casi todo en este territorio (que no son ni empresarios ni gobernantes de verdad legales) no les da la inteligencia más que para una o dos disciplinas en las que las masas puedan ser manipuladas; para apreciar el voleibol se requiere otra inteligencia. Salud.
Beto

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