jueves, 3 de octubre de 2024

La vida olímpica

A esperar otros cuatro años para ver
a Paola Egonu, si es que llega. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Como sistema, el olimpismo exige rutinas con pocas variantes si es que se desea tener destacadas actuaciones, tanto en el proceso como en los juegos mismos, gastos que aunque se contemplen, suelen ser pesados y difíciles de soportar por lo que se requieren apoyos, ya sean gubernamentales o de instituciones descentralizadas pero, al menos aquí en el país, pocas veces salidos de empresas particulares, posiblemente por un concepto trasnochado de lo que debe ser el espíritu olímpico o porque se cree que lo único que vende en este pueblo es el fútbol profesional varonil de primera división. Si fuera la primera razón, la carta olímpica no está peleada con las becas deportivas, por lo que empresas o universidades podrían ofrecerlas sin trasgredir ningún reglamento de la Conade; en el caso de lo segundo, no creo que un historial como el de Alejandra Valencia en el tiro con arco, no le diera gran prestigio a la institución que la apoyara.

Pero, por lo visto, la vida de un atleta que aspira a ser olímpico, está condenada al anonimato y a que sólo se le tome en cuenta si su participación representa cierta ganancia al gusto de los programadores, productores o comentaristas de los medios ya que estos últimos están supeditados a los ex atletas contratados como especialistas y entonces ocurre otro fenómeno que son las imprecisiones a la hora de narrar deportes que nunca se les ha prestado atención y creen que pueden solventarlos con expresiones grandilocuentes, como en el caso de Fernando Alonso y Georgina González en al voleibol, que es cierto, lo jugaron alguna vez, pero que no tienen al alcance transmisiones regulares donde agarrar ritmo de narración, su esfuerzo es loable pero siempre quedan a deber; y así como ese ejemplo podríamos señalar a todos los demás deportes que no son el básquetbol, el béisbol o el fútbol de los cuales hay transmisiones poco lógicas.

O si me equivoco, levante la mano aquel que de verdad sigue con interés la bundesliga o la eridivise; creo que ni siquiera somos capaces de seguir a las divisiones inferiores de nuestro país, menos va a interesarnos otra del extranjero; ni siquiera en los ochenta nos interesaba toda la liga española, sólo el Real Madrid cuando estuvo Hugo Sánchez o el Barcelona con Rafael Márquez, fuera de eso, todo era pose. Obviamente no puedo hablar por todos, ya que existen múltiples motivos por los cuales podemos volvernos aficionados a un equipo extranjero, las que se me ocurren tienen que ver con la ascendencia genética, la identificación con un lugar o grupo y la residencia, aun así creo que son una minoría, la mayoría se alinea por moda y como todas las modas, suele ser pasajera. Lo mismo pasa con un atleta olímpico, estará en boca de todos nosotros mientras duren sus referencias en los medios.

Y no me refiero nada más a los mexicanos, también pasa con los extranjeros, si no me creen, traten de recordar la alineación del equipo de handbol femenil de Alemania, es más ¿recuerdan si el equipo alemán femenil participó en París? Si no lo recuerdan, no hay problema, tenemos cosas más importantes por las cuales ocuparnos; el fenómeno se repite cada cuatro años, al no haber difusión, no existe un interés genuino en otros deportes, lo que limita mucho el gusto y la curiosidad por practicarlos, en consecuencia no hay inversión por parte de la iniciativa privada en infraestructura deportiva, además del riesgo de que sean invadidas por vagos vendedores de drogas o algo peor, créanme, lo hay. Las esperas en el olimpismo podrían ser cortas para los atletas, más en las condiciones en las que deben pagarse sus gastos y los plazos que deben cumplir, pero para nosotros, las esperas son eternas. Salud.

Beto

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