jueves, 7 de agosto de 2025

Las jugadas de fantasía

Más que vistosas, lo importante
es que sean productivas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Las gloriosas chiripas. No daba crédito cuando el balón topó mi mano derecha y mucho menos que hubiera caído dentro de la cancha contraria, después de un bloqueo que se dio con la más grande de las casualidades puesto que ni siquiera lo hice pegado a la red; en otro momento un servicio del equipo contrario amenazaba con caer en la zona tres y ninguno de nuestros delanteros parecía querer moverse, así que salté casi por encima de nuestro centro y casi en el piso logré contactar el balón para que se fuera por encima de la red y caer entre las zonas uno y dos. En ambas jugadas logramos sumar puntos en distintos partidos, porque no era que esas jugadas nos salieran en cada tanto, así que las he disfrutado por todo este tiempo, potenciando las sensaciones por la sorpresa que produjeron.

2. Las inefables practicadas. Hace muchos años, cuando jugar voleibol no representaba más que un entretenimiento, el buen Zurdo y yo nos íbamos a invertir nuestro tiempo en probar nuestras habilidades en las canchas de básquetbol de la Deportiva Norte, claro está que en tiempo de clases no era muy seguido, pero en vacaciones, nuestra presencia en el recinto era casi de cajón. Nuestra afición era «cascarera» puesto que nunca fue nuestra intención pertenecer o crear un equipo, ya que éramos conscientes de que nuestra estatura no ayudaba mucho que digamos pero eso no impidió que ensayáramos jugadas que nos sirvieran a la hora de los «veintiunos»; no fuimos los mejores, pero sí llegamos a tener rachas ganadoras incluso enfrentándonos a jugadores formados.

3. El sello de la casa Hay jugadas que se vuelven la tarjeta de presentación de jugadores especiales, aunque también los errores, a pesar de que sean de una sola vez, marcan de por vida a quienes los cometieron, los aciertos requieren de repeticiones constantes para fijarse en la memoria colectiva, como las dejaditas de Earvin Gapeth en el Pallavolo Modena o los remates contundentes de Melanie Parra en el Long Horns de Texas de la Big 12 Conference universitaria, mientras que basta una sola vez para que un error sea recordado casi por siempre, como el autogol de Miguel Marín. Cada uno de nosotros tiene o habrá tenido un equipo favorito de su localidad, amateur o profesional y recordarán los momentos más sublimes o los más trágicos que hayan tenido al seguirlo, por lo cual tengan una clave o porra que sea su sello particular.

4. Algunas visitas al hospital. Por desgracia para mí y fortuna para el voleibol, no soló ahí me provoqué varias «medallas del deporte» como diría mi hermano Jorge, el frontenis, el tenis, el básquetbol, el ciclismo, el ráquetbol, y el fútbol americano se quedaron cada uno con un pedacito de mi integridad física y en algunos casos tuve que pasar por un quirófano para arreglarme la clavícula o el tendón de Aquiles, todo por creer que era indestructible; lo bueno de todo es que el ejercicio que hice me sirvió para invertir en la experiencia frente a la red y para valorar en una buena dimensión el trabajo en equipo. Si tuviera la oportunidad de repetir mi vida deportiva...¡claro que cambiaría unas cosas! Mentiría si dijera que no, pero trataría de obtener exactamente lo mismo que atesoré en esos años. Salud.

Beto

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