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| La técnica se dibuja en nosotros como un tatuaje. Foto: BAER |
1. Mecanizar de inicio. Retomo la idea de la memoria muscular porque la mayor parte del dominio de una técnica es la repetición continua y constante a lo largo de la vida deportiva; es importante observar la posición del cuerpo en cada una de las posibles jugadas, tanto en lo individual como en lo colectivo. Desde el voleo hasta las jugadas defensivas como lo sería una facial, requieren de una ejecución impecable primero, para evitar lesiones, segundo, para no incurrir en faltas y tercero, para ser lo más eficientes posible. Si en algo se caracteriza el voleibol, es en el uso de cada parte corporal, para que sólo una pequeña porción entre en contacto con el balón, porque sin el balance que otorgan los brazos, la fuerza de las piernas sería inútil.
2. Ajustes posicionales. Cuando las cosas salen a la primera o no hay problemas con las maneras de hacerlas crecemos con la idea de que las realizamos bien, incluso los resultados suelen ser satisfactorios en gran medida porque nuestras expectativas suelen no ser muy elevadas ni ambiciosas, pero no falta quien, con toda la buena voluntad del mundo, nos corrija algunos detallitos que, para nuestra sorpresa, mejora la contundencia o el rendimiento de lo que siempre solíamos hacer. Eso me ocurrió aquella ocasión en que el buen Marco Antonio Ramos, por entonces entrenador de la Ibero León, me invitó a un entrenamiento porque le externé mi intención de actualizarme en algunos aspectos del juego que él había visto en un curso reciente; lo que me corrigió de entrada fue mi desplazamiento para rematar y todo fue distinto, hasta para mis dirigidos.
3. La imitación. Llevamos la facultad de imitar en el ADN, lo que nos ha permitido adaptarnos a cuanto entorno hostil no encontramos; al hacer lo que los sobrevivientes hacían, los grupos prehistóricos aseguraban su permanencia, otros se pudieron defender de invasiones mientras las sociedades actuales se dedican a imitar modelos de comportamiento; saltar, fildear o rematar como formas del juego, son imitables basados en lo que nos llama la atención y las propias facultades de quienes intentamos insertarnos en la práctica. Tratar de jugar como lo hace un famoso puede ayudarnos a erradicar temores puesto que, si hay alguien en el mundo que puede hacerlo, también nosotros podríamos aunque no fuera en la misma medida, lo importante sería darnos cuenta de nuestro propio estilo.
4. Seguir aprendiendo. Cuando parece que todo lo que aplica a nuestras dimensiones, fuerzas y destrezas ya lo tenemos aprendido, no falta quien venga a sugerirnos el corregir detallitos «insignificantes» que , como por arte de magia, mejoran nuestro desempeño en la cancha, esto es, no está de más el abrirnos a la posibilidad de seguir aprendiendo de otros, ya sea por documentos escritos o video grabados o personalmente, ya que siempre habrá alguien que vea las cosas de otra manera, lo cual podría adaptarse a nuestros modos y con ello, aumentar lo que ya sabemos o de plano, deshacernos de lo que no nos sirva; parece un cliché, sin embargo, si los grandes exponentes de cada deporte aseguran que siguen aprendiendo, es porque algo hay de cierto. Salud.
Beto

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