jueves, 28 de mayo de 2026

Dinamismo para impresionar

El momento llegó de demostrar las
propias facultades. Foto: BAER vía Gemini

Irapuato, Gto.-

1. No tanto así. En otra ocasión afirmé que para poder jugar profesionalmente, habría que evitar el tratar de impresionar y procuraré aclarar este punto; ser dinámico y obtener como resultado el impresionar al cuerpo técnico y al público es una cosa, lo que no está bien es buscar esa impresión con cualquier tipo de jugadas. Debemos buscar, por encima del lucimiento personal, el jugar bien al servicio del equipo, puesto que es más apreciado el buen funcionamiento colectivo constante, que jugadas esporádicas de un solo elemento. En otras palabras, que el dinámico sea el equipo, que sus ganas de participar sean más importantes que el meter un balonazo o volar tres metros para salvar una pelota por la banda, lucidoras por supuesto, pero ¿y si se pierde eso en el saque?

2. La magia del comportamiento. Muchas veces nos ha resultado inexplicable la inclusión de jugadores que lucen poco, que no son del todo contundentes o no arriesgan en las jugadas, pero que mantienen el balón en juego; su labor será discreta pero no pasa inadvertida para quienes aprecian secuencias prolongadas de juego o para los que saben qué difícil es controlar un balón que viaja entre 90 y 100 km/h. Por lo general, los jugadores que mantienen el nivel propio y de los compañeros, suelen ser reservados e introspectivos, lo que los hace mesurados en su comportamiento tanto dentro como fuera de la cancha, lo que no implica que carezcan de carácter, por el contrario, pueden imponer su voluntad cuando ellos, por alguna circunstancia, así lo consideren pertinente.

3. Vivimos de la imagen. Siempre será más atrayente un jugador que grita, hace piruetas y su contundencia es continua, lo es más cuando logra conectar con el público, recibiendo así, el apoyo necesario para continuar con su labor. Sin embargo, los hay aquellos que por mucho que hagan, no logran caer bien en el ámbito popular, por lo que su estancia en un equipo se vuelve molesta y pareciera que sin remedio; claro está, la mayor parte de los seguidores del deporte poseen una mala memoria a corto plazo, por lo que con una sola buena acción que un personaje así llegara a hacer, olvidarían todo y su frustración se transformaría en festejo. Tener buena o mala imagen no garantiza aceptación o rechazo, pero ambas tendencias pueden capitalizarse en favor de un desarrollo deportivo muy llamativo.

4. Y el prestigio. Nada es tan permisivo para la presunción que un equipo, al que se es seguidor, quede campeón de un torneo; en esta vida, por mucho que los gurúes de la salud plena lo reiteren en contra, lo que importa para ser considerado exitoso es acumular objetos de valor. Para un equipo o un atleta, lo anterior se traduce en trofeos y medallas que adornarán las vitrinas adaptadas para guardar un número grande de ellos. Entre más sean, mayor será el respeto y la fama por parte de quienes estén en su entorno y trascenderá a los seguidores de sus trayectorias, algo normal si observamos que, al ser una meta común en la mayoría de los ámbitos en los que nos movemos, se convierte por contagio esa acumulación en algo aspiracional y se festeja un título como si fuera un logro de todos. Salud.

Beto

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