sábado, 4 de diciembre de 2010

Cuando ya no pueda...

Las pausas que sugieren estas semanas no deben llevarnos por los caminos del sedentarismo absoluto; por el contrario, resultan ser la oportunidad para ponernos al corriente en lo que a nuestro cuerpo se refiere. Ello implica, por supuesto, el ejercicio, la alimentación y, en lo posible, la visita a nuestro médico. El chequeo nos puede ser de mucha ayuda para entender lo que debemos comer, lo que no y porqué, en los días de fiesta.
Es tiempo de cambiar nuestra visión de que a nosotros no nos sucederá algo malo, aunque veamos en las estadísticas que, por ejemplo, somos el primer lugar en cuanto a obesidad del mundo; (espacio para el sarcasmo) "en algo debíamos que tener el primer lugar". Las reacciones en el último minuto sólo sirven para aderezar la trama de las novelas.
En la vida cotidiana, todos vamos sembrando la calidad de vida que queremos de viejos, durante nuestra juventud. El descuido sólo nos lleva a la decrepitud. He conocido casos de personas que aseguraron con toda la autoridad que les daba su mediana edad, que se empezarían a cuidar si llegaban a los sesenta años. Diría la viejita: "ya pa' qué".
Al pensar en nuestra salud, también estamos pensando en la salud de los demás y en su paciencia. No creo que alguno de nosotros pretenda como plan de vida, ser una carga para su familia. Imaginen cómo sería su vejez si tuvieran que depender de la caridad de sus hijos... De pensarse.
Roberto Barroso Espinal

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