| El indio, con una victoria, cree convertirse en león. |
La efervescencia que se vive en la ciudad de León, me da una idea sobre cómo viviremos dentro de veintiocho días que empiece el mundial de fútbol; no diré que me contagié pero es inevitable tener un ligero cosquilleo y curiosidad por saber si la final sea digna de llamarse así, aunque hayan sido el sexto y octavo lugares los que llegaron a ella.
Que si ha sido una competencia mediocre o muy competitiva, se los dejo a los expertos que lo decidan, pero como simple aficionado (fuera de todo apasionamiento) creo que desde hace tiempo ha dejado mucho que desear. Y no es porque yo lo diga, muchas voces lo han reclamado, si los equipos jugaran como lo hacen en la famosa liguilla, el interés sería más acentuado.
Me atrevería a decir que ni siquiera serían necesaria tantas trampas publicitarias ni tantos esfuerzos de los merolicos contratados por las televisoras para mantener a las audiencias interesadas; lo malo es el conformismo con el que el público manifiesta su adhesión a un espectáculo que en realidad es pobre y las buenas jugadas se presentan a cuentagotas.
Lo peor del caso está en lo deportivo; mantenemos equipos que no están acostumbrados a jugar a tope y, cuando se les requiere precisamente eso (como en una eliminatoria de la zona), resulta que no pueden hacerlo precisamente por ello, por falta de costumbre. Los jugadores viven de la fama efímera que les da una jugada espectacular, que rara vez vuelven a repetir. Salud.
Beto
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