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| Nada como la victoria, aunque sea poco a poco. Foto: Baer |
Cuarenta años después, una quinteta varonil mexicana deja mucho para la reflexión; para iniciar, cumplieron con lo que estaban obligados a hacer y nunca dejaron de pensarlo así. Es decir, no le dieron la vuelta al compromiso que, por averiguación, observación y comparación de las posibilidades de triunfo, debían conseguir: ganarle a Angola y a Korea.
Lo conseguido no es otra cosa que haberse ganado el tigre en la rifa, puesto que el sábado se enfrentarán a Estados Unidos. Es el final de la participación cantado desde el inicio de este viaje a España, pero en estas instancias, jugar en contra de cualquier otra escuadra daría el mismo resultado. No veo conformismo, simplemente saber cuáles fueron las fortalezas y cuáles las debilidades.
Fue refrescante ver a un equipo mexicano que mantuvo en sus encuentros una misma idea, es fuerzo continuo y jugando sabiendo que las cosas les saldrían como lo pensaban. Sus manejos de tiempos y espacios fueron adecuados dejándonos la impresión de que si perdieron, fue porque sus rivales eran mejores o si ganaron, porque fue porque los mexicanos superaban al rival.
La casualidad no intervino, consiguieron lo que pretendieron y no queda más que esperar una confrontación digna en contra de los norteamericanos. Sé que será una derrota, el sentido común así lo dicta, pero en la cual nada tendrá que ver el estado del terreno, ni los árbitros, ni el clima, ni lo agresivo del público, simplemente el reconocimiento de que el rival es, históricamente mejor. Salud.
Beto

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