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| Un futuro poco claro en el baloncesto. Foto: Baer. |
Parece que los tiempos en que dejamos de hacernos daño entre nosotros no han pasado; no es noticia, no por el tiempo transcurrido entre lo sucedido y cuando se dio a conocer, sino porque lo hemos visto una y otra vez en todo el sistema (si es que lo hay) deportivo nacional. Al igual que a Leo Beenhakeer en los ochenta, Sergio Baldeolmillos fue separado del seleccionado nacional de baloncesto.
Ganó cuatro torneos de los cuales participó y el pase al mundial de la especialidad, pero le cayó la maldición del éxito, que algunos la llaman "la cangrejera". Y no creo que los logros tengan que ser un argumento para tener a alguien atado a un plan, pero sí que deba imponerse la cordura y darle seguimiento a algo que funciona.
El argumento de que no fue el Comité Olímpico Mexicano ni la Comisión Nacional del Deporte, sino la Liga Profesional de Baloncesto Profesional quien tomó la decisión de suplir en el banco a Baldomillos por Bill Cartwright, me parece el más burdo intento de mantener los antiguos lazos de poder que probaron ser infuncionales en años anteriores.
De ninguna manera dudaré de la capacidad del norteamericano (aunque los conocedores afirman que no ha logrado mucho como entrenador), pero si el español probó que puede guiar a una escuadra como la mexicana al nivel de dejarlo entre los primeros dieciséis del mundo, creo que por mínima coherencia, debieron seguir con el plan acordado con él. Al tiempo. Salud.
Beto

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