jueves, 23 de octubre de 2014

Justicia con aristas

Hay que tener cuidado cuando se insulta a alguien
en un espectáculo. Foto: Adair Martínez
Se dio sentencia y Tomás Boy tendrá que pagar; no voy a defenderlo porque a todas luces lo que hizo estuvo mal, sin embargo hay dos cosas que se dejaron sin atender. Uno, no se sancionó también al aficionado que lo provocó y dos, se sienta un precedente en donde la impunidad seguirá siendo materia de todos los días, también en los deportes.
Es cierto que en un espectáculo, cualquiera que éste sea, quien merece el mayor de los respetos es el espectador, pero al parecer, no se ha explicado suficientemente cuál es ese respeto al cual se hace referencia, pues pareciera que se exige éste sólo en una dirección. Desde su significado, la palabra respeto ha navegado desde la no agresión hasta la más absoluta indiferencia.
Recuerdo en una ocasión en la que tuve la suerte de ver a Enrique Álvarez Félix actuar, al intentar realizar un pequeño monólogo tuvo que suspender su perorata ya que una persona en el público no dejaba de hablar, por lo cual el actor, con palabras correctas pero firmes, pidió silencio a reserva de suspender la función. Las opiniones entonces, también fueron encontradas.
Se puede estar a favor o censurar las reacciones de actores o de deportistas en el momento de sentirse agredidos en su trabajo. Podemos pensar que el público paga un boleto para recibir un servicio, pero ¿en dónde se estipula que los primeros deben soportar las explosiones de frustración de quienes van a verlos? La civilidad no es materia exclusiva de los escenarios, también debe estar en las gradas. Salud.
Beto

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