jueves, 19 de marzo de 2015

No hay equipos de uno

Así debería andar, pero tenía que convertirme en
ermitaño. Foto: Baer
Bien me lo dijeron mis entrenadores en cada oportunidad ya fueran éstas entrenamientos o partidos: calienta; he descubierto que hay momentos durante el día en que se me hinchan las manos seguido de un pequeño adormecimiento y dura unas horas hasta que me pongo a hacer algo más dinámico que el darle al teclado con singular alegría.
Hoy en día, los consejos sobre el ejercitar el cuerpo y los riegos de la inactividad, están a la orden ya sea por medio de folletos del sector salud o en los medios electrónicos, inclusive de quienes quieren vender un aparato maravilloso que nos hará adelgazar en un santiamén. Entonces, ¿por qué seguimos siendo un país de obesos?
Ya deberíamos estar convencidos de que lo mejor que puede pasarnos es tener una condición física que nos mantenga en un nivel de vida óptimo, pero ponemos oídos sordos a consejos y amenazas, como si de verdad nuestras ocupaciones no nos dieran respiro. Con esto me refiero a las clases no menesterosas, pues ellas tienen una muy buena razón para no preocuparse por su silueta.
Debo aclarar que hay varios buenos ejemplos de quienes no necesitaron que les estuvieran azuzando para que mantuvieran una buena condición física y que, además, tampoco dependen de compañía alguna para motivarse y seguir con sus rutinas de ejercicios, por ejemplo los corredores. Esos seres que persiguen no sé a quien, pero que se satisfacen en lograr distancias o tiempos.
Los que ejecutamos, desarrollamos y dependimos de otros por practicar juegos de conjunto, ¿qué debemos hacer? Los de mi edad ya dejaron de practicar deporte hace años y los que siguen, tienen su grupo de amigos con el cual recuerdan sus hazañas de juventud. Con ello reafirmo que el convencerme de no ser socialito, no me trajo ningún beneficio, ¡hasta con eso! Salud.
Beto

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