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| Hace mucho que no veo pletórica a la deportiva. Foto: Baer |
El divino ocio nunca fue más ocioso; el concepto de descanso ha variado tanto que se convirtió en inmovilidad. A pesar de todos los mensajes sobre que somos el país número uno en obesidad infantil y las consecuencias que esto puede traer, el sedentarismo parece ganar terreno y el número de personas que hacen ejercicio ha venido disminuyendo con los años.
Podemos echarle la culpa a las tecnologías de la información, al poco convencimiento de que debemos aprender a comer, al ritmo de vida que se impuso en las grande ciudades (y en las pequeñas también), en fin, pretextos sobran. La alegoría que se me ocurre, es que así como comemos somos para hacer ejercicio, es decir, en desorden.
Un factor que me llama la atención es que no sabemos valorar la gratuidad suponiendo que, si algo no tiene costo, entonces es viable de ser maltratado. Así entonces, las instalaciones de algunos centros deportivos sufren hasta de vandalismo porque no tienen vigilancia pagada, cuando los principales cuidadores de las instalaciones deberíamos ser los usuarios.
En Irapuato, la ciudad deportiva norte acusa un deterioro que sólo se explica por el abandono en el cual se encuentra. Es cierto que, cuando nos encontramos con algo que no es atractivo a la vista, nos volvemos renuentes a usarlo. Al igual que como nos sucede con los establecimientos de comida, si no se les consume seguido, no podemos exigir que sus productos sean totalmente frescos.
Es cierto, la economía deportiva no es en nuestras conciencias, un concepto indispensable, pero después de tanto descuido tanto de nuestro cuerpo como de los lugares para realizar actividades deportivas, se está volviendo un problema de vida o muerte. Salud.
Beto

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