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| Dos notas en la misma página, ¿para que nos dé envidia? Foto: Baer |
Maldiciones o no, el Querétaro llega a su primera final; la ciudad debe estar de plácemes, al menos los aficionados al fútbol y sus dirigentes, por ver los frutos de su inversión en un deporte demandante y muchas veces ingrato. Un logro para una institución que no dispone de grandes cantidades de dinero como otras, pero que se dio el lujo de contratar a un astro mundial.
Ronaldinho llegó al equipo en circunstancias semejantes a como lo hizo en su tiempo Butragueño con el Celaya y en ambas ocasiones, los equipos llegaron a la última instancia. En aquella ocasión, el equipo guanajuatense no pudo alzarse con el triunfo, pero el destino de los queretanos podría ser diferente si siguen con la disposición mostradas en las últimas fechas.
Celaya y Querétaro, dos ciudades de características muy diferentes, poblaciones cercanas que comparten la zona del bajío y que su vecindad hace que compartan algunas formas de pensar; el intercambio de productos y trabajadores es dinámico y constante lo cual hace que sean poblados atractivos para quienes desean hacer negocio.
Además de eso ¿qué han hecho bien que tanto en formas de llevar su vida cotidiana, como en lo deportivo, han logrado lo que otras ciudades no? ¿De qué están hechos que al menos pueden presumir de disputar una final, mientras que los vecinos cercanos se han conformado con, al menos, tratar de tener un equipo? Y ya no se diga el mantenerlo.
Mientras que al final de este campeonato, Quéretaro se dispone a escribir en su historia deportiva una página digna de elogio, en Irapuato se corren rumores de la venta de un equipo que nunca en su historia ha aspirado siquiera, a ser protagonista de primera división y que su arraigo responde más que nada, al combate de un tedio difícil de desarraigar. ¿Mediocridad rampante? Salud.
Beto (BdI)

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