| Hay quienes no importa lo que se coman, siempre estarán en buena forma. Foto: Baer |
Seguramente quienes se han dedicado a alguna actividad deportiva, han escuchado un sinfín de advertencias que van desde el cuidado más simple hasta las alarmistas que indican una inminencia de muerte; todo depende de cuántas energías invirtamos en la práctica del juego o del deporte que hayamos escogido para mantenernos activos.
Posiblemente les resulta familiar haber escuchado "bájate del sillón que te vas a lastimar" o "deja de correr en el pasillo que te vas a caer" y ya en el delirio del cuidado materno, "¡Chamaco! Bájate del árbol que si te raspas, sobre la rapada te doy para que llores con provecho". El universo de lesiones es tan amplio como el número de huesos que tenemos en el cuerpo.
Es cierto que quienes se hayan ejercitado desde niños, tienen un menor riesgo de contraer enfermedades incurables en su etapa adulta, pero para ello también de debe invertir un tiempo prudente en aprender a hacer ciertos movimientos, pues éstos requieren de especialización de algunos músculos o de un sistema entero.
No realiza la misma actividad ni requiere del mismo tipo de esfuerzo, quien practica la natación que quien hace alpinismo; esto que parece tan evidente, representa también un nivel distinto de responsabilidad en saber cuál es la mejor manera de utilizar las extremidades o los órganos internos, me refiero inclusive al tipo de alimentación que requiere.
También quienes nos dedicamos al deporte de manera recreativa, debemos cuidar qué hacemos, cómo lo hacemos, cuándo lo hacemos y lo que comemos. Lo malo es haber nacido y crecido en este bendito país, pródigo en sabores, extenso en imaginación culinaria y basto en el servicio. Los que somos entusiastas de la comida, ante tal embate de suculencias, resignadamente sufrimos. Salud.
Beto (BdI)
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