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| Ahora hay que tomar precauciones extremas si se desea hacer ejercicio. Foto: Baer |
Uno de los pequeños detalles con los que me he topado para no realizar el ejercicio que debiera, es que los espacios que solía utilizar ya están copados por la mancha urbana; las calles, las construcciones, los señalamientos, las pocas zonas peatonales, ceden ante en embate de la ponderación del uso del automóvil.
Pareciera que el concepto de urbanizar significa quitar todo lo que sea natural y adecuado para la práctica de actividades físicas; deambular simplemente, se vuelve toda una odisea cuando de atravesar un crucero se trata, pues tanto es molesto tener que torear materialmente a los automóviles como soportar los infames rayos del sol a determinadas horas.
El imperio del concreto está comiéndose los espacios que deberían tomar el agua de lluvia (también escasa en consecuencia) y la temperatura se mantiene elevada, obligándonos a consumir energía para mantenernos frescos que refuerza el círculo vicioso en el que nos hemos metido. Ni los parches verdes han podido contrarrestar los efectos de la contaminación rampante.
No tengo idea de si el gobierno municipal actual tuvo en su poder algún estudio sobre los beneficios de aumentar la zona del centro de convivencia, con todo y la plancha de cemento que servirá de techo al estacionamiento subterráneo o si será realmente útil como para el transporte la ciclovía en el paseo Solidaridad, espero que sí por el bien de Irapuato.
El caso es que, para poder tener acceso a un espacio más o menos decente para hacer ejercicio, debemos trasladarnos cada vez más lejos y, mientras se corre o se juega con la pelota, tratar de hacer del espacio encontrado, uno en el que no se tenga que eludir coches sin perder una pierna o estar respirando el humo de los escapes. ¡Está fácil! Salud.
Beto (BdI)

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