jueves, 18 de junio de 2015

Lento, pero aprendo

Esta combinación es perfecta, así ni calor
ni frío. Foto: Baer
Extremar precauciones nunca está de más, máxime si se cuenta ya con una quinteta de décadas encima; los días nublados pueden provocar nostalgia a algunos o un mejor pretexto para hacer ejercicio para otros. Perteneciendo a los segundos, varias veces descuidé de joven lo que debía procurarme para realizar caminatas o correr en espacios abiertos.
Siempre me he quejado de acumular calor, de tal manera que si en el día el clima subía por sobre los 21°, yo ya estaba en calidad de pollo frito, lo que me ponía desesperado y en mi jugo, así que emprendía mis periplos deportivos en diversas pistas, en camiseta y en shorts. Las consecuencias no tardaban en aparecer con los consabidos malestares y posteriores encierros.
Por supuesto que no avanzaba como lo hubiera deseado en lo que a la condición física se refería, pero el esperar a climas más cálidos tampoco me garantizaba mucho progreso; el verano parecía promisorio, pero si no tenía el cuidado de abrigarme lo suficiente en días fríos, menos me preocupaba por cargar con un recipiente con agua.
Así entonces, si no era la gripe, la deshidratación tomaba su lugar como obstáculo autoinducido para que me convirtiera en un corredor de respeto. He escuchado y leído al respecto, sin embargo, como dicen: "perro viejo no aprende truco nuevo", pues sigo montado en mi macho, saliendo poco abrigado y sin líquidos que prevengan la sed.
Claro, me ayuda el no poder hacer lo mismo que antaño, así que los riesgos se han reducido también; y ya no parece tan mala idea el soportar un rato una sudadera y pants para salir en días fríos y cargar con un cilindro lleno de agua para hidratarme. Con eso de que de un momento a otro puede darme un patatús, no me gustaría darle un susto a algún desconocido. Salud.
Beto (BdI)

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