jueves, 2 de julio de 2015

El sídrome de Doofenshmirtz

Institucional, siempre; criticable, toda la vida.
Foto: Google
Será extraño que en un espacio que intenta ser deportivo hable de un hombre que acaba de dejar las filas de esta vida; la madrugada de hoy ha sido marcada por el fallecimiento de quien fuera, para quienes estudiamos la carrera de comunicación, el vocero oficial del gobierno, pero también el punto de referencia del ejercicio periodístico del país.
Lo tomo aquí, por lo inmediato de la  nota, pero también porque el más reciente (último) trabajo en una cadena de televisión que realizó fue precisamente en un espacio deportivo, donde daría el toque cultural a la sección en los pasados juegos olímpicos de Londres junto a quien representara su contraparte institucional: José Ramón Fernández.
Y aunque sus conocimientos iban más allá de la noticia cruda, su pasión se inclinó por la tauromaquia, otra cosa que no compartimos, pero que tiene todos mis respetos tan sólo por la valentía que se requiere para enfrentar semejantes bichos. Escuela para muchos, varios personajes de la noticia actual pueden decir que lo tienen como referencia perenne.
Motivo se imitación y de sátira, habrá quienes recuerden a Eduardo Manzano dando pseudonoticias en sus "24 1/2 horejas, pichicateando el tiempo", Jacobo tuvo que llevarse la fama de haber sido la voz del sistema, quien desinformaba mostrando una cara del país que siempre distó de ser real, quien apuntaló la imagen de un país en el que nada pasaba.
Desde la universidad, los alumnos de comunicación aprendimos las dos facetas; estructuramos nuestro pensamiento en el esquema impuesto por Zabludovsky y lo criticamos en consecuencia, pero con su desaparición, ¿ahora a quién haremos responsable de que no se nos informe veraz y oportunamente? Apretó Jacobo el botón de autodestrucción. Salud.
Beto (BdI)

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