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| Ningún deporte se salva de la concepción bélica. Foto: BAER |
Las tres formas las podemos encontrar en el deporte y ejemplos de cada una los encontramos en la mayoría de las competencias, lo malo es que se les presenta, por lo general, desde una perspectiva melodramática que se queda en lo anecdótico sin dar margen a un verdadero aprendizaje. Fuera de lo aspiracional en el que sólo cabe la moraleja, cada historia carece de un método para introyectar en nuestra mente el modo de fortalecerla, el saber qué hacer para no derrumbarnos al primer obstáculo que encontremos. Al parecer, no hay una receta difundida socialmente, se tiene que pertenecer a una institución para gozar de una ayuda de tal índole, pues en la vida cotidiana el tema es tan personal como intuitivo.
En el mundo escolar, tanto en lo netamente académico como en la formación deportiva, hay un único concepto que podría detectarse para fortalecer la mente y éste es el miedo al fracaso, quizá debido a que en la mayor parte de las actividades áulicas se estudia para obtener una calificación y no para aprender, además, no se tiene al fallo como parte del aprendizaje sino como algo punitivo que debe erradicarse, por lo tanto, errar es una oportunidad de crecimiento que se pierde. Lo malo es que en el deporte todas las calificaciones se reducen a ganar o perder, sin que los esfuerzos sean considerados más como una condición de la competición; de ahí vienen las presiones que limitan la participación a una valoración parcializada.
Porque a nivel profesional ¿qué equipo, después de perder una final, se queda a aplaudir el triunfo de su rival? La mayoría prefiere hacer berrinche y compadecerse o , en el peor de los casos, buscar culpables externos de su derrota. A lo mucho, a veces el ganador es el que rinde algún tipo de homenaje al perdedor, pero es fácil ser magnánimo desde la cima. Es más fácil ver a un tercer lugar festejando, que a un segundo; la cultura deportiva, desde la perspectiva de la guerra, sólo se trata de evitar la derrota, perspectiva reforzada con presiones comerciales que permean, sin ganancia alguna, hacia el amateurismo. Pero bueno, tanto en el mundo deportivo como en la vida, no faltan los débiles mentales. Salud
Beto

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