jueves, 25 de noviembre de 2021

Volei como eje central

Nada más porque la natación y el correr grandes
distancias me desesperaban, que si no... Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “Es un deporte muy completo, pones a trabajar a todo tu cuerpo”, me dijo alguna vez mi tío Manuel en una de esas ocasiones en las que tuvimos la oportunidad de intercambiar impresiones sobre lo que cada uno hacía y nos llamaba la atención; En ese tiempo, hace como cuarenta años, yo apreciaba mucho sus dotes de cirquero (al menos así veía su habilidad de pararse de manos) y el hecho de que no fuera presuntuoso de ello, a decir verdad, ha sido tan discreto con lo que sabe hacer que no podría opinar sobre todo lo que hace, aunque siempre he confiado en que debe realizarlo de la mejor manera, prueba de ello son sus hijos. Pero lo que correspondía en ese momento eran los deportes y fue una gran sorpresa que él supiera de voleibol.

No es porque yo supiera mucho, aún ahora mi ignorancia trasciende muchas fronteras, sino que no consideraba que algún otro miembro de mi familia hubiera estado interesado en un juego tan exótico y que era considerado exclusivo para mujeres, pero que en sus palabras tomó otra dimensión en mi propia práctica pues para ser sincero, comencé a jugarlo porque no me juntaban en los equipos de fútbol de la secundaria ni tenía la estatura para entrar en alguno de basquetbol, además tenía el plus de que me daba un buen pretexto para hablar con las muchachas, ya después lo aprecié por sus características y porque acrecentó mis ansias de abogado de las causas perdidas, como lo veía dada la poca difusión en los medios masivos de información.

El caso es que ese deporte exótico me permitió, en su momento, adquirir habilidades universales, es decir, aquellas que me permitían un desempeño aceptable en otras disciplinas, quizá no para conseguir un campeonato pero sí, al menos, para ser competitivo. debió ser curioso ver a un tipo de apenas 1.54 mts. quitándole balones a otros de 1.90 mts; lo bueno es que la estatura no lo era todo en deportes como el frontenis en el que la adaptación espacial era más importante o el desplazamiento explosivo en el tenis o la defensa, con el uso de las manos, de una portería. Incluso, la concentración que se requiere en la disputa por puntos, fue de gran utilidad en la práctica del ciclismo de ruta, por supuesto todos en el nivel de aficionados.

Casi olvido el patinaje donde el común sería la postura mantenida por buenos lapsos y la coordinación de brazos y piernas; el caso es que el voleibol, sin que lo hubiera planeado de tal manera, me sirvió como base para apreciar otros deportes, igualmente demandantes pero satisfactorios. Y cualquiera que hubiera sido el origen de mi interés deportivo, la exploración de cada una de las disciplinas que tuve la oportunidad de practicar, aportó un aspecto específico que me permitió respetar el esfuerzo de quienes hicieron un estilo de vida de cada una de ellas, en algunos casos, llegar hasta la admiración como en los casos de Paola Longoria, Manuel Youshimatz o Eduardo Nájera, tanto por sus logros como por saber que yo no lo haría igual que ellos. Salud.

Beto

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