| En realidad ¿de quién es el balón? Foto: BAER |
La codicia, por su parte, representa la consecución de metas personales sin importar la retribución a los apoyos recibidos; el mundo del deporte profesional está plagado de ejemplos de esta índole en los que la venta de un atleta o el acceso de éste a un puesto administrativo provoca exigencias que sólo entorpecen el desarrollo meramente deportivo. Una exagerada comercialización de la imagen del deportista profesional ha traído consigo la espiral de precios de sus cartas que crea una especie de pirámide en la que se encumbra a aquellos que logran sobrevivir a las exigencias de un sistema que los explota y los desecha, como si no fuera suficiente el saber que su vida activa es corta; debe haber tabuladores que midan el rendimiento de cada atleta.
Las exigencias de ambas partes, empresarios y deportistas, permea hacia la afición sin más motivo aparente que el dar a conocer las condiciones por las que se ofrecen y se contratan sus servicios, las cuales se resumen en una condicionante: a mayor talento, más paga. Claro que el talento debe explicarse desde la productividad, la espectacularidad y el mínimo de lesiones, lo que debe (como obligación) traducirse en dinero que llene las arcas. Exigencias también, que crecen conforme se encuentran las fórmulas para contrarrestar las habilidades de un equipo o un atleta y, siguiendo la dinámica, éste pedirá más conforme supere dichas fórmulas. Es lógico que, por el tipo de actividades que realizan y el desgaste que esto implica, deseen asegurar su futuro con grandes cantidades.
Eso no es lo molesto, lo que enerva es que hagan alarde y ostentación por algo que nada produce, que sus sueldos signifiquen tal desigualdad que, quienes más los apoyan, sean precisamente el sustento de sus lujos, aunque ellos no alcancen a alimentarse bien. Su actividad es accesoria y debería estar sustentada por otra que sí fuera productiva, lo que permitiría la mayor apertura para una afición que no logra entender el porqué, si cobran tanto y nada más a eso se dedican, no son capaces de mantener un nivel óptimo, brindar un buen espectáculo en cada partido y lograr jubilarse en el mejor estado físico posible porque para mantener zánganos, ya están las cámaras del Congreso de la Unión. Así es, me refiero al único deporte que parece quedarle el saco, el nominado eres tú fútbol. Salud.
Beto
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