| Saltamos de la juventud a la vejez, ¿pero, cómo?. Foto: BAER |
Como concepto, envejecer con dignidad implica varias áreas del desarrollo humano que, en los últimos tiempos se han englobado más que nada, desde la óptica médica; por supuesto, todo lo que hacemos tiene que ver con las ciencias de la salud, pero también con las sociales y, tratándose de la actividad física, la relación entre ambos campos del conocimiento resulta casi automática. La etapa adulta abra posibilidades de intercambio en ambos sentidos, aunque sea para comparar padecimientos y achaques metiéndonos en una carrera parejera que nos conforma, posiblemente, por sentirnos acompañados en semejantes trances. Quizás lo hacemos confiando en que ninguno de los contendientes en realidad desea ganar la competencia pues, con el aumento en dolores y sufrimiento, estaríamos más cerca de la tumba.
La contraparte que es el tratar de mantenerse jóvenes por el mayor tiempo posible presenta el inconveniente de que, por mucho que se tenga a la mano la ortopedia, el paso del tiempo se nota, a veces más cuando ésta se utiliza de mala manera. Pero ser (o parecer) joven resulta costoso si sólo se atiende a la apariencia en un sentido contra natura; el camino atacar las señales del envejecimiento-apariencia-ser joven crea angustias gratuitas puesto que se recorre con una actitud que raya en la decrepitud; por el contrario si se es jovial-se tiene cuidado con la salud, la apariencia juvenil se obtiene de manera casi automática. El logro de la apariencia está en la aceptación; no se es viejo porque se haya perdido la juventud, envejecer significa haberla aprovechado.
Es posible que detrás de cada viejito amargado se esconda un ser que en su juventud se creyó eterno y se burló de gente de edad avanzada o fue excesivamente condescendiente o le significaban un estorbo, sin tomar en cuenta que escuchándolos, se hubiera ahorrado demasiados trabajos. Debo aclarar que lo anterior no significa que todo el tiempo haya que hacer lo que los viejos dicen, algunas vedes sirven de referencia para realizar todo lo contrario, pero de que sirven, sirven. La juventud es la etapa en la que debemos completarnos como humanos, sin creer esas tonterías de que nunca llegamos a conocernos; si no te conoces, no estás viviendo. Y como tesoro (para esos nostálgicos), con todo lo que implica el atesorar, debe invertirse con el propósito de tener una vejez digna. Salud.
Beto
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